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Conversando con María
Relatos
Imaginarios
7.-
Con
María, recordando la Ascención
Cuarenta largos y extraordinarios días has trascurrido, Madre
querida, desde el glorioso Domingo de Pascua…
Durante
este tiempo, tu humilde corazón de madre repasó una y otra vez sus
tesoros escondidos... En ese volver del alma cada acontecimiento vivido
cobraba, ahora, sentido diferente…
Pero
tú, dulce Madre, a pesar de ser la elegida, la llena de gracia, la
saludada por los ángeles y por los creyentes, tú no querías brillar por
esos días, pues Aquel cuya luz es inextinguible aún debía terminar la
labor por la que había bajado del cielo a habitar en tu purísimo
vientre… por eso te mantuviste casi oculta, limitándote a ser una
presencia orante en la Iglesia naciente… Así te encuentro en los
Evangelios, pero… necesito que me cuentes, Señora, lo que ha sido para
tí el día de la Ascensión…
Y
cierro los ojos tratando de imaginar tu rostro, tu mirada, tu voz serena
que me responde al alma…
-El
día de la Ascensión fue el final ansiado, presentido, mas nunca
totalmente imaginado por mí, de la historia de amor mas bella que jamás
haya existido… una historia de amor que comenzó un día, ya lejano, y
al mismo tiempo tan cercano, en Nazaret, una historia que trascurrió
durante treinta años, en el silencio y sumisión a mi amor materno, de
Aquel por quien el mundo debía salvarse…
-¡Ah,
Señora!, en esa sumisión a ti Jesús glorificó grandemente al Padre…
por ello es que tus hijos glorificamos al Padre sometiéndonos a ti…
Sonríes…
Tu
mirada se pierde ahora en la lejanía
-
Como te decía, la Ascensión es final y, al mismo tiempo, comienzo
y promesa, camino y esperanza… por esos días Jesús se aparecía a sus
amigos y les daba, con la fuerza extraordinaria de quien ES la Verdad, los
últimos consejos, las última recomendaciones, y les regalaba al alma,
las mas hermosas promesas…
Recuerdo
claramente el día de su partida… era casi mediodía, el sol brillaba
con fuerza, y hasta casi con alegría… Mi Hijo caminaba cerca de Betania
con sus amigos… les pedía que fuesen hasta los confines de la tierra
enseñando su Palabra
Preferí
quedarme unos pasos distante de ellos, más podía escucharle con toda
claridad… su voz sonaba segura, serena, protectora, especialmente cuando
les entregó aquella promesa que sería luego manantial de fe y esperanza
para tantos hijos de mi alma…” Yo estaré con ustedes, todos los días,
hasta el fin del mundo”
Yo
presentía la partida… y El sabía que necesitaba abrazarle… como
cuando era pequeño, como cuando le hallamos en el Templo, luego de
aquella lejana angustia… El lo sabia y vino hasta mí, me miró con
ternura infinita… y me abrazó fuerte, muy fuerte, y susurró a mis oídos…:
-
Gracias Madre, gracias… gracias por tu entrega generosa, por tu
confianza sin límites, por tu humildad ejemplar… gracias...
Cuando
se alejaba ya de mí se acercó Juan, el discípulo a quien Jesús amaba
mucho… Entonces el Maestro le dijo, mirándome:
-
Cuídala Juan, cuídala y hónrala… protégela y escúchala, ella
será para ti, y para todos, camino corto, seguro y cierto hasta mi corazón…
hónrala Juan pues haciéndolo… me honras…
-
Lo haré, Maestro, lo
haré…- contestó Juan desde lo mas profundo de su corazón.
Jesús
y Juan volvieron con los demás… en ese momento mi Hijo, levantando las
manos, les bendijo… y mientras les bendecía se separó de ellos y fue
elevado ante sus ojos, mientras una nube comenzaba a cubrirlo,
delicadamente…
Los
apóstoles se arrodillaron ante Él…
Mientras
yo levantaba mi mano en señal de despedida y mis ojos se llenaban de lágrimas,
sentí que me miraba… y su mirada me hablaba…
-
¿Qué te decía, Señora? ¿Qué te decía Jesús mientras partía?
-
“Espérame, Madre, enviaré por ti… espérame…”
Ay !
hija mía, mi corazón rebosaba de gozo… en tanto los amigos de Jesús
miraban fijamente al cielo, como extasiados… en ese momento se acercaron
a ellos dos hombres vestidos de blanco que les dijeron: “ Hombres de
Galilea,¿qué hacen ahí mirando el cielo? Este Jesús que les han
llevado, volverá de la misma manera que le han visto partir…”
Los
hombres tardaron un rato en reaccionar, luego, uno a uno, se fueron
acercando a mí..
-
Debemos volver a Jerusalén, tal como Él lo pidió- dijo Pedro,
quien sentía que debía velar por esa Iglesia naciente, hasta en el más
mínimo detalle.
Los
demás asintieron… Volvimos y subimos a la habitación superior de la
casa… Nos sentamos todos… Pedro comenzó a recitar, emocionado, la
oración que Jesús nos enseñó… Al finalizar dijo:
-
Hermanos, permanezcamos en oración hasta que llegue el día en
que, según la promesa de Cristo, seamos bautizados con el Espíritu
Santo…
Yo me retiré a prepararles algo para comer… Juan se
acercó y me abrazó largamente… yo sentía que comenzaba a
amarlos como a mis hijos… me sentía madre… intensamente madre… y
nacía en mí una necesidad imperiosa de repetir a cada hijo del alma,
aquellas palabras que pronunciara en Caná de Galilea…
“Hagan
lo que Él les diga…”
Así nos quedamos, hija, nos quedamos todos esperando Pentecostés,
la Iglesia primera, en una humilde casa de Jerusalén…
Espero
haber contestado lo que tu alma me preguntó…
-Claro,
Madre amada, claro que sí, como siempre, eres para tus hijos modelo de
virtud, camino seguro hacia Jesús… compañera y amiga … Una vez mas y
millones de veces te lo diría, gracias, gracias por haber aceptado ser
nuestra mamá, gracias por ocuparte de cada detalle relacionado a la
salvación de nuestras alma, gracias por enseñarnos como honrarte, porque
haciéndolo, honramos a Jesús… gracias por defendernos en el peligro…
gracias por ser compañera, compañera, compañera….
Ahora, Santa Madre, debes enseñarnos a esperar, adecuadamente,
Pentecostés…
Amigos que leen estas líneas, María ansía entrar a sus corazones
para contarles las maravillas de Pentecostés… háganle sitio… es la
mejor decisión que pueden tomar… ni lo duden jamás…
NOTA:
"Estos
relatos sobre María Santísima han nacido en mi corazón y en mi
imaginación por el amor que siento por ella, basados en lo que he leído.
Pero no debe pensarse que estos relatos sean consecuencia de revelaciones
o visiones o nada que se le parezca. El mismo relato habla de "Cerrar
los ojos y verla" o expresiones parecidas que aluden exclusivamente a
la imaginación de la autora, sin intervención sobrenatural alguna."
María
Susana Ratero, Amiga, escríbeme: susanaratero@arnet.com.ar
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