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Conversando con María
Relatos
Imaginarios
4.-
El
Primer Dolor de María y José
El
domingo te recordábamos, María, como Nuestra Señora de los Dolores....
Después del sermón de la misa me quedo pensando en tu corazón herido...
cuéntame, Señora, de tus dolores del Rosario... cierro los ojos y tu
imagen se queda en mis pupilas, pienso en el primero, háblame de tu
primer dolor....
-Pues...de
hecho no es el primero del Rosario
-Si te
hace mal... no, deja, María... deja para otro día...
-No,
quiero contarte... para que comprendas....volvamos a Air Karim, donde
quedamos la última vez ¿recuerdas?...
Cómo
olvidar cada momento contigo.... Te sigo y veo como te despides de Isabel,
un abrazo... otro, como queriendo detener el tiempo.... el griterío de la
gente que pasa te da la señal definitiva... debes partir, te sigo... Nos
mezclamos las dos entre la gente, tu prima y su familia te saludan y te
recomiendan no te alejes... eres su responsabilidad hasta Nazaret....
Comenzamos
la caminata, lenta, ardua, bajo el sol del desierto.....Vas silenciosa,
pensativa, casi preocupada...
-¿Todo
bien?- y mi pregunta desentona, es muy occcidental, muy del siglo 21....
-No,
amiga mía, no está todo bien... deberías saberlo.....Nazaret está mas
cerca cada minuto..., mi hijo mas evidente, y José que me espera para la
boda sin saber de esto ni una palabra...
-¿Se
lo dirás?...
-¿Como
hacerlo?.... Voy a su casa, así como así y le digo.."José, amor mío,
el Mesías esperado late en mi vientre hace cuatro meses por obra del Espíritu
Santo..."Tú, ¿Cómo crees que reaccionará?... No lo digas....
Callé,
tenía razón... ¿quién iba a creer su historia?... Sólo Dios podía
sacarla de este trance... y realmente no le quedaba mucho tiempo para
decidirse...
En el
viaje hablaste poco... muchas veces te sorprendí acariciando tu vientre
pequeño pero evidente, a escondidas.... una tarde mientras el sol caía y
cada uno de los viajeros sólo se preocupaba de organizarse para la noche,
te alejaste silenciosamente tras un grupo de animales que habían quedado
al costado del campamento...pensé en Belén... te seguí en silencio....
-¡Hola,
mi amor!.. -decías suavemente mientras acariciabas tu panza de mamita
joven- ¿como estamos hoy?... un poco inquieto ¿verdad?... calma... mi
precioso hijo, calma... todo esta bien... solo quería recordarte que te
amo, que te amaré siempre... pase lo que pase, jamás dudes de mi
amor...- y gruesas lágrimas rodaban por tus mejillas... Me acerqué
lentamente, y te abracé, pequeña, tan frágil y tan fuerte, tan niña y
tan mujer.....
Volvimos
al campamento.... y nos acostamos a dormir...
Me
despertaste un poco antes del amanecer, te sentías mal....
-Creo
que vomitaré otra vez, este viaje no termina nunca... vomitaste sin hacer
ruido, y la arena del desierto escondió tu secreto...
Nazaret
se dibujaba lentamente en el horizonte... faltaba poco... los sonidos de
la caravana formaban una extraña melodía... paso a paso íbamos llegando
las dos... cansadas, llenas de polvo, con la incertidumbre en el alma
sabiendo que la vida de la mujer que portaba la salvación de los hombres
dependía, paradójicamente, del amor y la confianza de un sencillo
carpintero... los extremos de Dios... que incomprensibles nos resultan los
extremos de Dios....
Llegamos
a tu casa, allí te esperaba la cuñada de José, pues tu madre estaba un
poco enferma...
-¡María!,
que alegría volver a verte... ¿Como ha sido tu viaje?
-Bueno,
sí, realmente muy bueno... estoy cansada...¿Me disculpas?
Sí,
claro, ve a dejar tus cosas que te preparo algo de comer...¡Me olvidaba!
José viene enseguida, pues quería hablar contigo sobre la boda... ¡Espero
sea pronto!- comentó entusiasmada la mujer que sentía por la joven
sincero afecto...
En un
rincón de la casa acomodaste tu sencillo equipaje. Al terminar me miraste
directo a los ojos... y tu mirada, traspasada de dolor, me llegó al
alma... Hubiese querido ir corriendo a la casa de José y decirle quien
era él en la historia de la humanidad, aunque me hubiesen matado luego
por desquiciada... pero estoy aprendiendo de ti, María, y me quedo en
silencio a tu lado...
-¡María!-
la voz de tu futura pariente nos sobresaltó- José está aquí....
Había
llegado el momento decisivo... Partiste caminando lentamente tratando, a
duras penas, de ocultar tu vientre...
José
estaba en el patio de la casa, un hombre mas bien alto, de ojos oscuros y
mirada serena, sus facciones eran simples y tranquilas, el rostro de un
hombre trabajador y honesto... José tenía el rostro de todos los
trabajadores del mundo...
Miró a
su prometida con amor infinito. María se acercó a él, y le saludó...
en ese momento el hombre reparó en el estado de ella y la miró a los
ojos... nada dijo, pero alcancé a ver cómo se le humedecía la mirada...
Sé que hubiese querido preguntarle porqué, quién ... ¿Es que ya no me
amas, María?... mas nada dijo... Se despidió y se retiró en silencio...
Me quedé
a tu lado y murmuraste... "Ve con él, por favor, ve con él"....
-Pero,
Señora mía, no puedo dejarte sola, tienes desgarrada el alma....
-¡Pero
yo tengo a mi hijo aquí! ¿Es que no comprendes? ¡José está solo y está
mal! Sólo Dios sabe qué pensamientos se le cruzan por la cabeza...
La
pregunta era inevitable...
-¿Temes
por ti?
Y la
respuesta , sólo digna de ella...
-No,
temo por él...
Ambas
sabíamos que si José te denunciaba por tu traición (¿qué otra cosa
podía pensar?) serías apedreada hasta morir, en la plaza pública... aún
así, temías por él...
Te
obedecí y fui corriendo tras José, quien no podía verme... El pobre
hombre salió del poblado y se dirigió a un pequeño monte... Allí entre
la soledad de los árboles, dio rienda suelta a su dolor...
-¡Oh
Dios todopoderoso!- gritó mientras caía de rodillas- ¡Qué terrible
angustia ha caído sobre mi alma...! María, mi dulce María está... está....
embarazada- y la palabra le destrozó el alma y lloró con ese llanto
desgarrador que brota de las entrañas de un hombre justo-... Señor... ¿qué
hago?... Algo... algo... muy dentro de mí me dice que no debo dudar
por... ¿Pero cómo? ¿Cómo, Señor, si la realidad es cruel y me grita
una traición que no comprendo?... Si la repudio, Señor y sabes que es mi
derecho,... si la repudio la matarán... a ella y .. y a su hijo- José
estaba al borde de la desesperación, pues el amor que sentía por María
podía pasar la barrera del despecho humano- ¿Cómo impedir la muerte de
ella y del pequeño?.... Una sola cosa queda por hacer... me iré en
secreto... que todos piensen que la abandoné... así, la vergüenza
recaerá sobre mí y no sobre ella....Lo siento María, no puedo hacer
otra cosa... - Y José se tendió en el suelo y sus lágrimas penetraban
esa tierra santa... Y Dios no se hizo esperar... era demasiado el dolor de
ese hombre, pues todas las legiones de los ángeles clamaban por él
misericordia...
José
seguía en el suelo... como adormilado en su inmenso dolor... cuando el Ángel
Gabriel se le acercó y le dijo...
-José...
José, Hijo de David....¿Por qué dudas del poder de Dios?¿Acaso no sacó
a su pueblo de Egipto, en el pasado?
-¡Dios
Altísimo! ¿Quién eres...?¿Qué quieres de mí?
-No
temas llevar a María a tu casa, porque lo que ha sido engendrado en ella
proviene del Espíritu Santo... Ella dará a luz un hijo al que pondrás
por nombre Jesús, porque Él salvará a su pueblo de sus pecado...
El ángel
se retiró... todo el cielo quedó expectante... de su respuesta dependía
el destino de los hombres...
José
miró a su alrededor... las palabras del ángel resonaban aún en su corazón...
todo estaba claro ahora... la espera de Israel había terminado... y a él
se le había confiado el Mesías esperado..., sólo atinó a decir en voz
baja...
-María,
amor mío... perdóname... – y se incorporó rápidamente, secó sus lágrimas
con el manto y salió corriendo en busca de su amada... yo le seguía,
pensaba en ambos, en su amor, ese amor que nació en el corazón de Dios
antes de que naciera el tiempo....
Al
llegar al poblado comenzó a caminar y pasó inadvertido entre los
pobladores... llegó a tu casa, María... tú estabas aún en el patio...
Sufrías por José... Volteaste la cabeza y le viste... no comprendías su
mirada radiante...
Acercándose
a ti te dijo...
-María,
amor mío, cuánto habrás sufrido en silencio...
-José...
yo...
-Perdóname,
perdóname si en algún momento dudé de ti, perdóname y acéptame como
tu esposo. Ante Dios prometo que cuidaré de ti y del niño por el resto
de mis días...
No hay
nada que perdonar José, es que yo ... yo no podía decírtelo, pero
grande es el Altísimo que te ha revelado la más bella de las noticias...
Ahora lo sabes... ¡Gracias Dios mío por consolar mi corazón!... Gracias
José...
Tú serás
mi esposa y yo seré el hombre mas honrado de la tierra...
Se
miraron con profundo amor... él sabía que debía cuidar del tesoro de
Dios... pensó un instante en su propia vida... se preguntó si era
digno... no había respuesta... sólo la misericordia de Dios puede
hacernos dignos, jamás nuestros propios méritos.....
Los
vecinos se habían enterado de la llegada de María... y de la visita de
José, las muchachas comenzaron a llegar y rodearon a la novia y la
llenaron de preguntas femeninas... Los hombres se acercaron a José para
ultimar detalles del festejo.... alguien comenzó a tocar música... todos
comenzaron a bailar esas bellísimas danzas del pueblo de Israel... la música
me resultaba extrañamente conocida... la estaba cantando el coro de la
Parroquia, el sacerdote estaba comenzando a dar la comunión... Miré por
última vez a los felices danzantes... Pasaste junto a mí bailando con
las muchachas... el dolor había pasado, el amor había salido
victorioso... Jesús dormía cómodamente en tu vientre... Me abrazaste
con el alma... "Felicidades, princesa, felicidades.."pensé....
Abrí
los ojos, y me encaminé hacia el altar para recibir la comunión... Miré
tu imagen... el coro seguía cantando y yo tenía ganas de bailar como tú
y tus amigas en Nazaret...
El
primer dolor de amor había pasado... llegarían otros, después...
ahora... ahora quiero quedarme bailando contigo... María de Nazareth...
NOTA:
"Estos
relatos sobre María Santísima han nacido en mi corazón y en mi
imaginación por el amor que siento por ella, basados en lo que he leído.
Pero no debe pensarse que estos relatos sean consecuencia de revelaciones
o visiones o nada que se le parezca. El mismo relato habla de "Cerrar
los ojos y verla" o expresiones parecidas que aluden exclusivamente a
la imaginación de la autora, sin intervención sobrenatural alguna."
María
Susana Ratero, Amiga, escríbeme: susanaratero@arnet.com.ar
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