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Conversando con María
Relatos
Imaginarios
10.-
María y un Río de Rosas
Durante estos días, en los que debí guardar cama por mi salud, he
pensado muchísimo, Señora, en el tema del Santo Rosario…, tú siempre
nos dices que debemos rezarlo, la Iglesia misma nos aconseja y yo… amiga
mía, trato de hacerlo, pero… me falta constancia… es que entre el
trabajo, la casa, la familia, rara vez hallo el tiempo de rezarlo completo
y… no te molestes pero… a veces me baja sueño, es... tan monótono,
decir siempre lo mismo, siento que termino no diciendo nada… María, no
te me enojes, por favor, es que no entiendo como ese simple cordón lleno
de cuentas iguales, sin nada en particular, puede ayudar a salvar mi
alma…
No quiero ni
levantar mi mirada hacia ti, Señora, pues supongo que estarás muy
desilusionada de mí… todo es silencio en la Parroquia de Lujan, en esta
tarde de domingo…
- Hija querida
¡Si supieras cuanto te amo! Sabrías que no puedo entristecerme por tan
poco…
Miro
tu rostro y tu sonrisa mansa me inspira confianza, como siempre…
- Lo que
sucede contigo, es que del Rosario sólo ves las cuentas…
- No entiendo,
Señora…
- Claro, hija,
dejas que el árbol te oculte el bosque…te quedas en las cuentas… en
la repetición monótona… así ¡Hasta yo me dormiría!
- Y… ¿Qué
debo ver, entonces?
- Debes ver
las rosas…- dices con voz angelical, que, viniendo desde los comienzos
del tiempo, parece un eco de tu respuesta al ángel…
- Perdón María
pero... ¿Qué rosas?
- Trataré de
explicarte, el Rosario es… un río de rosas, un hermoso, difícil,
triste y glorioso río de rosas que, si puedes verlo en cada uno de sus
misterios, te aseguro te parecerán pocas las cuentas del cordón…
- Enséñame,
Señora, a ver tan bello río.
- Bien,
comenzaré por decirte que este río tiene una fuente inagotable, que son
los Misterios Gozosos, y tres poderosos afluentes que son los misterios
dolorosos, gloriosos y luminosos. El río nace pleno de rosas blancas allá
en Nazaret… aún recuerdo el perfume del Ángel Gabriel… piensa, hija,
siente y medita ese momento, acompáñame a la pequeña habitación, quédate
conmigo mientras repites los 10 Ave María... Escucha el saludo del ángel…
escucha con el alma como describe la Encarnación del Hijo de Dios en su más
humilde esclava…
- ¡Es cierto,
Señora!... Reina mía, es cierto, pocos resultan los diez rezos para
acompañarte en semejante momento…
- Luego, hija
mía, las rosas se van salpicando de arena, porque me acompañan en la
caravana a casa de Isabel, afrontan conmigo el viento y la soledad, y me
cubren con sus pétalos para que nadie sospeche el secreto…Mientras
rezas este misterio, escucha el sonido del viento, deja que me apoye en tu
hombro, porque el viaje es largo y estoy un poco cansada…
Ya estamos
entrando al tercer misterio, las rosas se han tornado rosadas y con una
increíble suavidad… muchas decidieron dejar sus pétalos en el pesebre,
morir allí, para ser cuna de Cristo, decidieron entregar sus pétalos,
para que no lastimasen al niño las espinas ¿Comprendes, hija? Ya había
espinas esperando a Jesús... Oye, mientras rezas, como cantan los ángeles,
percibe desde el alma como el cielo, expectante, espera en Belén…
- Señora…
ahora voy comprendiendo, como debe mi alma entrar en cada misterio,
conocerlo profundamente, aprender de cada gesto, de cada palabra del
Maestro y tuya… así, no soy yo quien reza, sino mi alma, extasiada de
amor, hace brotar de mis labios la oración hecha alabanza…
- Me alegras
mucho, querida, me alegras al esforzarte por comprender… tú sólo pon
la voluntad de comprender, que mi Hijo te iluminará al alma, ni lo
dudes… Sigamos ahora, si miras las rosas con atención, veras que tienen
fulgores plateados… me esperan ansiosas a la puerta del Templo… Jesús
es reconocido por Simeón, pero el color de las rosas me habla de espadas
que aún no puedo ver…
En el último
misterio las rosas están azuladas de angustia… mi Hijo no está
conmigo, son tres días de búsqueda desesperada, tres días que son
prefacio de los que llegarán después. Al tercer día las rosas se van
dirigiendo al Templo, las sigo, ya casi no razono pues un atroz dolor me
desgarra el alma…, entro al Templo, tras José ¡Allí está! Bendito
Dios, no entiendo, no importa, le abrazo, le pregunto, le miro, le beso…
mi hijo, mi querido amor. Volvemos a casa, las rosas nos siguen... por
dieciocho años el río vivirá oculto en mi corazón… serán largos y
difíciles años, en los que la rutina contrastará con la magnificencia
del anuncio del ángel, pero será tiempo de aprendizaje para mí…
valiosos años, hija, muy valiosos. Dime ahora, querida mía ¿Te has
aburrido rezando los misterios gozosos?
- Para nada,
hermosa Madre mía, mil horas te escucharía… me has regalado una
inmensa alegría al despertar en mí esta forma de rezar el Rosario…
- Pero aún
nos queda un problema, hija…, tú me decías que no hallabas tiempo
entre las muchas tareas que realizas... piensa hijas, las tareas, son eso,
tareas, necesarias unas, superfluas otras, pero ¿Todas son beneficiosas
para la salvación de tu alma?... Trata de que nunca te falte tiempo para
la oración… este tiempo es más bien un estado interior…, verás como
la oración es el camino para hallar la paz, sentirás que tienes de donde
aferrarte para superar las tormentas del alma… sólo la oración te
acerca al corazón amoroso de Dios… no existe sitio más bello……
Te marchas ahora, María, me dejas tu mejor sonrisa, un beso en el
alma, y una profunda enseñanza… te vas y te quedas, siempre estarás
cuando te necesite… no, mejor decir, siempre estarás… no solo cuando
te necesite, sino siempre, siempre… querida madre mía… aún debes
contarme como sigue este río de rosas, como han llegado las rosas a ser
cuentas y las cuentas oración… pero eso será otro día… ahora…
ahora sostengo el rosario entre mis manos… ya no será más un cordón
con cuentas… ahora, tú me has enseñado a ver en él
un Río de Rosas….
NOTA:
"Estos
relatos sobre María Santísima han nacido en mi corazón y en mi
imaginación por el amor que siento por ella, basados en lo que he leído.
Pero no debe pensarse que estos relatos sean consecuencia de revelaciones
o visiones o nada que se le parezca. El mismo relato habla de "Cerrar
los ojos y verla" o expresiones parecidas que aluden exclusivamente a
la imaginación de la autora, sin intervención sobrenatural alguna."
María
Susana Ratero, Amiga, escríbeme: susanaratero@arnet.com.ar
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