|
CARTA
APOSTÓLICA
ROSARIUM VIRGINIS MARIAE
DEL SUMO PONTÍFICE JUAN
PABLO II AL EPISCOPADO, AL CLERO Y A LOS FIELES SOBRE EL SANTO ROSARIO
Tras
las huellas de los testigos
8.
Sería imposible citar la multitud innumerable de Santos que han encontrado
en el Rosario un auténtico camino de santificación. Bastará con recordar
a san Luis María Grignion de Montfort, autor de un preciosa obra sobre el
Rosario12 y, más cercano a nosotros, al Padre Pío de
Pietrelcina, que recientemente he tenido la alegría de canonizar. Un
especial carisma como verdadero apóstol del Rosario tuvo también el Beato
Bartolomé Longo. Su camino de santidad se apoya sobre una inspiración
sentida en lo más hondo de su corazón: « ¡Quien propaga el Rosario se
salva! ».13 Basándose en ello, se sintió llamado a construir
en Pompeya un templo dedicado a la Virgen del Santo Rosario colindante con
los restos de la antigua ciudad, apenas influenciada por el anuncio
cristiano antes de quedar cubierta por la erupción del Vesuvio en el año
79 y rescatada de sus cenizas siglos después, como testimonio de las luces
y las sombras de la civilización clásica.
Con
toda su obra y, en particular, a través de los «Quince Sábados»,
Bartolomé Longo desarrolló el meollo cristológico y contemplativo del
Rosario, que ha contado con un particular aliento y apoyo en León XIII, el
«Papa del Rosario».
12
El secreto admirable del santísimo Rosario para convertirse y
salvarse,en Obras de San Luis María G. de Montfort, Madrid 1954,
313-391.
13
Beato Bartolo Longo, Storia del Santuario di Pompei, Pompei
1990, p.59.
Volver
a la página principal
|