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CARTA
APOSTÓLICA
ROSARIUM VIRGINIS MARIAE
DEL SUMO PONTÍFICE JUAN
PABLO II AL EPISCOPADO, AL CLERO Y A LOS FIELES SOBRE EL SANTO ROSARIO
Vía
de contemplación
5.
Pero el motivo más importante para volver a proponer con determinación la
práctica del Rosario es por ser un medio sumamente válido para favorecer
en los fieles la exigencia de contemplación del misterio cristiano,
que he propuesto en la Carta Apostólica Novo
millennio ineunte como verdadera y propia 'pedagogía de la
santidad': «es necesario un cristianismo que se distinga ante todo en el
arte de la oración».9 Mientras en la cultura contemporánea,
incluso entre tantas contradicciones, aflora una nueva exigencia de
espiritualidad, impulsada también por influjo de otras religiones, es más
urgente que nunca que nuestras comunidades cristianas se conviertan en «auténticas
escuelas de oración».10
El
Rosario forma parte de la mejor y más reconocida tradición de la
contemplación cristiana. Iniciado en Occidente, es una oración típicamente
meditativa y se corresponde de algún modo con la «oración del corazón»,
u «oración de Jesús», surgida sobre el humus del Oriente
cristiano.
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9
N. 32: AAS
93 (2002), 288.
10
Ibíd., 33: l. c., 289.
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