|
CARTA
APOSTÓLICA
ROSARIUM VIRGINIS MARIAE
DEL SUMO PONTÍFICE JUAN
PABLO II AL EPISCOPADO, AL CLERO Y A LOS FIELES SOBRE EL SANTO ROSARIO
...
y los hijos
42.
Es hermoso y fructuoso confiar también a esta oración el proceso de
crecimiento de los hijos. ¿No es acaso, el Rosario, el itinerario de la
vida de Cristo, desde su concepción a la muerte, hasta la resurrección y
la gloria? Hoy resulta cada vez más difícil para los padres seguir a los
hijos en las diversas etapas de su vida. En la sociedad de la tecnología
avanzada, de los medios de comunicación social y de la globalización, todo
se ha acelerado, y cada día es mayor la distancia cultural entre las
generaciones. Los mensajes de todo tipo y las experiencias más
imprevisibles hacen mella pronto en la vida de los chicos y los
adolescentes, y a veces es angustioso para los padres afrontar los peligros
que corren los hijos. Con frecuencia se encuentran ante desilusiones
fuertes, al constatar los fracasos de los hijos ante la seducción de la
droga, los atractivos de un hedonismo desenfrenado, las tentaciones de la
violencia o las formas tan diferentes del sinsentido y la desesperación.
Rezar
con el Rosario por los hijos, y mejor aún, con los hijos,
educándolos desde su tierna edad para este momento cotidiano de «intervalo
de oración» de la familia, no es ciertamente la solución de todos los
problemas, pero es una ayuda espiritual que no se debe minimizar. Se puede
objetar que el Rosario parece una oración poco adecuada para los gustos de
los chicos y los jóvenes de hoy. Pero quizás esta objeción se basa en un
modo poco esmerado de rezarlo. Por otra parte, salvando su estructura
fundamental, nada impide que, para ellos, el rezo del Rosario –tanto en
familia como en los grupos– se enriquezca con oportunas aportaciones simbólicas
y prácticas, que favorezcan su comprensión y valorización. ¿Por qué no
probarlo? Una pastoral juvenil no derrotista, apasionada y creativa –¡las
Jornadas Mundiales de la Juventud han dado buena prueba de ello!– es capaz
de dar, con la ayuda de Dios, pasos verdaderamente significativos. Si el
Rosario se presenta bien, estoy seguro de que los jóvenes mismos serán
capaces de sorprender una vez más a los adultos, haciendo propia esta oración
y recitándola con el entusiasmo típico de su edad.
Volver
a la página principal
|