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CARTA
APOSTÓLICA
ROSARIUM VIRGINIS MARIAE
DEL SUMO PONTÍFICE JUAN
PABLO II AL EPISCOPADO, AL CLERO Y A LOS FIELES SOBRE EL SANTO ROSARIO
La
familia: los padres...
41.
Además de oración por la paz, el Rosario es también, desde siempre, una
oración de la familia y por la familia. Antes esta oración era
apreciada particularmente por las familias cristianas, y ciertamente favorecía
su comunión. Conviene no descuidar esta preciosa herencia. Se ha de volver
a rezar en familia y a rogar por las familias, utilizando todavía esta
forma de plegaria.
Si en
la Carta apostólica Novo
millennio ineunte he alentado la celebración de la Liturgia de
las Horas por parte de los laicos en la vida ordinaria de las
comunidades parroquiales y de los diversos grupos cristianos,39 deseo
hacerlo igualmente con el Rosario. Se trata de dos caminos no alternativos,
sino complementarios, de la contemplación cristiana. Pido, por tanto, a
cuantos se dedican a la pastoral de las familias que recomienden con
convicción el rezo del Rosario.
La
familia que reza unida, permanece unida. El Santo Rosario, por antigua
tradición, es una oración que se presta particularmente para reunir a la
familia. Contemplando a Jesús, cada uno de sus miembros recupera también
la capacidad de volverse a mirar a los ojos, para comunicar, solidarizarse,
perdonarse recíprocamente y comenzar de nuevo con un pacto de amor renovado
por el Espíritu de Dios.
Muchos
problemas de las familias contemporáneas, especialmente en las sociedades
económicamente más desarrolladas, derivan de una creciente dificultad
comunicarse. No se consigue estar juntos y a veces los raros momentos de
reunión quedan absorbidos por las imágenes de un televisor. Volver a rezar
el Rosario en familia significa introducir en la vida cotidiana otras imágenes
muy distintas, las del misterio que salva: la imagen del Redentor, la imagen
de su Madre santísima. La familia que reza unida el Rosario reproduce un
poco el clima de la casa de Nazaret: Jesús está en el centro, se comparten
con él alegrías y dolores, se ponen en sus manos las necesidades y
proyectos, se obtienen de él la esperanza y la fuerza para el camino.
39 Cf.
n. 34: AAS 93 (2001), 290.
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