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CARTA
APOSTÓLICA
ROSARIUM VIRGINIS MARIAE
DEL SUMO PONTÍFICE JUAN
PABLO II AL EPISCOPADO, AL CLERO Y A LOS FIELES SOBRE EL SANTO ROSARIO
La
jaculatoria final
35.
Habitualmente, en el rezo del Rosario, después de la doxología trinitaria
sigue una jaculatoria, que varía según las costumbres. Sin quitar valor a
tales invocaciones, parece oportuno señalar que la contemplación de los
misterios puede expresar mejor toda su fecundidad si se procura que cada
misterio concluya con una oración dirigida a alcanzar los frutos específicos
de la meditación del misterio. De este modo, el Rosario puede expresar
con mayor eficacia su relación con la vida cristiana. Lo sugiere una bella
oración litúrgica, que nos invita a pedir que, meditando los misterios del
Rosario, lleguemos a «imitar lo que contienen y a conseguir lo que prometen».38
Como
ya se hace, dicha oración final puede expresarse en varias forma legítimas.
El Rosario adquiere así también una fisonomía más adecuada a las
diversas tradiciones espirituales y a las distintas comunidades cristianas.
En esta perspectiva, es de desear que se difundan, con el debido
discernimiento pastoral, las propuestas más significativas, experimentadas
tal vez en centros y santuarios marianos que cultivan particularmente la práctica
del Rosario, de modo que el Pueblo de Dios pueda acceder a toda auténtica
riqueza espiritual, encontrando así una ayuda para la propia contemplación.
38
« ...concede, quæsumus,
ut hæc mysteria sacratissimo beatæ Mariæ Virginis Rosario recolentes, et
imitemur quod continent, et quod promittunt assequamur »: Missale Romanum
(1960) in festo B. M. Virginis a Rosario.
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