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CARTA
APOSTÓLICA
ROSARIUM VIRGINIS MARIAE
DEL SUMO PONTÍFICE JUAN
PABLO II AL EPISCOPADO, AL CLERO Y A LOS FIELES SOBRE EL SANTO ROSARIO
El
«Gloria»
34.
La doxología trinitaria es la meta de la contemplación cristiana. En
efecto, Cristo es el camino que nos conduce al Padre en el Espíritu. Si
recorremos este camino hasta el final, nos encontramos continuamente ante el
misterio de las tres Personas divinas que se han de alabar, adorar y
agradecer. Es importante que el Gloria, culmen de la contemplación,
sea bien resaltado en el Rosario. En el rezo público podría ser cantado,
para dar mayor énfasis a esta perspectiva estructural y característica de
toda plegaria cristiana.
En la
medida en que la meditación del misterio haya sido atenta, profunda,
fortalecida –de Ave en Ave – por el amor a Cristo y a María,
la glorificación trinitaria en cada decena, en vez de reducirse a una rápida
conclusión, adquiere su justo tono contemplativo, como para levantar el espíritu
a la altura del Paraíso y hacer revivir, de algún modo, la experiencia del
Tabor, anticipación de la contemplación futura: «Bueno es estarnos aquí»
(Lc 9, 33).
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