|
CARTA
APOSTÓLICA
ROSARIUM VIRGINIS MARIAE
DEL SUMO PONTÍFICE JUAN
PABLO II AL EPISCOPADO, AL CLERO Y A LOS FIELES SOBRE EL SANTO ROSARIO
Rogar
a Cristo con María
16.
Cristo nos ha invitado a dirigirnos a Dios con insistencia y confianza para
ser escuchados: «Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os
abrirá» (Mt 7, 7). El fundamento de esta eficacia de la oración es
la bondad del Padre, pero también la mediación de Cristo ante Él (cf.
1 Jn 2, 1) y la acción del Espíritu Santo, que «intercede por
nosotros» (Rm 8, 26-27) según los designios de Dios. En efecto,
nosotros «no sabemos cómo pedir» (Rm 8, 26) y a veces no somos
escuchados porque pedimos mal (cf. St 4, 2-3).
Para
apoyar la oración, que Cristo y el Espíritu hacen brotar en nuestro corazón,
interviene María con su intercesión materna. «La oración de la Iglesia
está como apoyada en la oración de María».23 Efectivamente,
si Jesús, único Mediador, es el Camino de nuestra oración, María, pura
transparencia de Él, muestra el Camino, y «a partir de esta cooperación
singular de María a la acción del Espíritu Santo, las Iglesias han
desarrollado la oración a la santa Madre de Dios, centrándola sobre la
persona de Cristo manifestada en sus misterios».24 En las bodas
de Caná, el Evangelio muestra precisamente la eficacia de la intercesión
de María, que se hace portavoz ante Jesús de las necesidades humanas: «No
tienen vino» (Jn 2, 3).
El
Rosario es a la vez meditación y súplica. La plegaria insistente a la
Madre de Dios se apoya en la confianza de que su materna intercesión lo
puede todo ante el corazón del Hijo. Ella es «omnipotente por gracia»,
como, con audaz expresión que debe entenderse bien, dijo en su Súplica
a la Virgen el Beato Bartolomé Longo.25 Basada en el
Evangelio, ésta es una certeza que se ha ido consolidando por experiencia
propia en el pueblo cristiano. El eminente poeta Dante la interpreta
estupendamente, siguiendo a san Bernardo, cuando canta: «Mujer, eres tan
grande y tanto vales, que quien desea una gracia y no recurre a ti, quiere
que su deseo vuele sin alas».26 En el Rosario, mientras
suplicamos a María, templo del Espíritu Santo (cf. Lc 1, 35), Ella
intercede por nosotros ante el Padre que la ha llenado de gracia y ante el
Hijo nacido de su seno, rogando con nosotros y por nosotros.
23
Catecismo
de la Iglesia Católica, 2679.
24
Ibíd., 2675.
25
La Suplica a la Reina del Santo Rosario, que se recita
solemnemente dos veces al año, en mayo y octubre, fue compuesta por el
Beato Batolomé Longo en 1883, como adhesión a la invitaciòn del Papa Leon
XIII a los católicos en su primera Encíclica sobre el Rosario a un
compromiso espiritual orientado a afrontar los males de la sociedad.
26
Divina Comedia,Par. XXXIII, 13-15.
Volver
a la página principal
|