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CARTA
APOSTÓLICA
ROSARIUM VIRGINIS MARIAE
DEL SUMO PONTÍFICE JUAN
PABLO II AL EPISCOPADO, AL CLERO Y A LOS FIELES SOBRE EL SANTO ROSARIO
El
Rosario, oración contemplativa
12.
El Rosario, precisamente a partir de la experiencia de María, es una
oración marcadamente contemplativa. Sin esta dimensión, se
desnaturalizaría, como subrayó Pablo VI: «Sin contemplación, el Rosario
es un cuerpo sin alma y su rezo corre el peligro de convertirse en mecánica
repetición de fórmulas y de contradecir la advertencia de Jesús:
"Cuando oréis, no seáis charlatanes como los paganos, que creen ser
escuchados en virtud de su locuacidad" (Mt 6, 7). Por su
naturaleza el rezo del Rosario exige un ritmo tranquilo y un reflexivo
remanso, que favorezca en quien ora la meditación de los misterios de la
vida del Señor, vistos a través del corazón de Aquella que estuvo más
cerca del Señor, y que desvelen su insondable riqueza».14
Es
necesario detenernos en este profundo pensamiento de Pablo VI para poner de
relieve algunas dimensiones del Rosario que definen mejor su carácter de
contemplación cristológica.
14 Exhort.
ap. Marialis
cultus (2 febrero 1974), 47: AAS 66 (1974), 156.
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