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Nuestra
Señora de Guadalupe ( México )
Patrona
de América y Protectora de los Niños No Nacidos
El
descubrimiento del Nuevo Mundo trajo consigo ambos: buscadores de fortuna y
clérigos religiosos deseosos de convertir a las poblaciones nativas a la fe
Cristiana. Uno de los conversos fue un pobre indio Azteca llamado Juan
Diego. En uno de sus idas a la capilla, Juan estaba caminando a través de
la colina Tepayac en México central. Cerca a Tepayac el encontró a una
bella mujer la cual estaba rodeada por bolas de luz brillantes como el sol.
Hablándole en su lengua nativa, la hermosa dama se identificó:
"
Mi querido pequeño hijo, Yo te quiero. Desearía que supieras quien soy.
Yo soy la siempre ó virgen María, Madre del Dios verdadero quien da vida y
mantiene la existencia. El creó todas las cosas. El esta en todo lugar. El
es el Señor del Cielo y la Tierra. Yo deseo una iglesia en este sitio a
efectos que tu gente pueda experimentar mi compasión. Todos aquellos que
sinceramente soliciten mi ayuda en sus trabajos y penas conocerán mi Corazón
de Madre en este lugar. Aquí yo veré sus lagrimas; los consolaré y ellos
hallaran la paz. Así que corre ahora a Tenochtitlan y dile al Obispo todo
lo que has visto y oído."
Juan,
de 57 a-os, y quien nunca había estado en Tenochtitlan, respondió sin
embargo de inmediato a la solicitud de María. El fue al palacio del Obispo
electo Fray Juan de Zumarraga y solicitó verse inmediatamente con el
Obispo. Los sirvientes del Obispo, quienes tenían dudas del campesino
rural, lo mantuvieron esperando por horas. El obispo electo le dijo a Juan
que el podría tomar en consideración la solicitud de la dama y le dijo que
el podría visitarlo nuevamente si así lo deseaba. Juan se desilusionó con
la respuesta del obispo y se sintió indigno de llamar la atención de
alguien tan importante como el obispo. El regreso a la colina donde se
encontró la primera vez con María y la encontró allí esperándolo. Le
rogó que ella enviara a alguien mas, pero ella respondió:
"
Mi pequeño hijo, existen muchos a quienes yo podría enviar. Pero tu
eres el único a que he escogido."
Ella
entonces le dijo que regresara al día siguiente donde el obispo y le
repitiera la solicitud. En Domingo, y luego de aguardar nuevamente por
horas, Juan se reunió con el obispo quien, volvió a escuchar la historia,
diciéndole que solicitara a la Dama que lo proveyera de un signo como
prueba de quien era ella. Juan dubitativamente regreso a la colina y se lo
contó a María, quien estaba nuevamente aguardando por el. María respondió:
"Mi
pequeño hijo, no soy yo tu Madre? No temas. El Obispo obtendrá su seña.
Regresa a este lugar mañana. Ten paz, hijito."
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