24 de setiembre
NUESTRA
SEÑORA de la MERCED
Los últimos
siglos de la Edad Media, el sur y el levante español estaban en poder de
los árabes y con su vidas en vilo. El Mediterráneo estaba infestado de
corsarios turcos y de sarracenos, y lo mismo atacaban a los barcos que
desembarcaban en las costas y se llevaban cautivos a muchos.
La cautividad
o esclavitud era una calamidad terrible de la humanidad. De cuando en cuando
surgían almas generosas y se ponían a actuar. Un santo varón, el clérigo
sevillano D. Fernando de Contreras, con la ayuda de la Loca del Sacramento,
Doña Teresa Enríquez, y con el aliento de San Juan de Avila, fue una de
esas almas generosas en favor de los cautivos.
Otra alma
caritativa, suscitada por Dios, fue San Pedro Nolasco, de Barcelona, llamado
el Cónsul de la Libertad. Rogaba insistentemente a la Virgen María y se
preguntaba cómo poner remedio a tan triste situación.
Pronto empezó
a actuar. Vendió cuanto tenía y empezó la compra y rescate de cautivos.
La noche del 1 de agosto de 1218, estando Nolasco en oración, se le apareció
la Virgen María, le animó en sus intentos y le transmitió el mandato de
fundar la Orden Religiosa de la Merced para redención de cautivos. Pocos días
después, Nolasco, ayudado por D. Jaime el Conquistador y el consejero real
San Raimundo de Peñafort, cumplía el mandato. Los mercedarios se comprometían
con un cuarto voto: quedarse como rehenes, si fuera necesario, para liberar
a otros más débiles en la fe.
De este modo,
a través de los miembros de la Nueva Orden, la Virgen María, Madre y
Corredentora, Medianera de todas las gracias, aliviaría a sus hijos
cautivos y a todos los que suspiraban a ella, gimiendo y llorando en este
valle de lágrimas. A todos daría la merced de su favor.
La Virgen María
será invocada desde ahora la advocación de la Merced, o más bello todavía
en plural: Santa María de las Mercedes, indicando así la abundancia
incontable de sus gracias. ¡Hermosa advocación y hermoso nombre el de
Mercedes!
Santa María
de las Mercedes concedería a sus hijos la merced de la liberación. Alfonso
X el Sabio decía que "sacar a los hombres de captivo es cosa que place
mucho a Dios, porque es obra de la Merced".
Bajo la
protección de la Virgen de la Merced, los frailes mercedarios realizaron
una labor ingente. Ingentes fueron también los sufrimientos de San Pedro
Nolasco, San Ramón Nonato y San Pedro Armengol. Y no faltaron mártires
como San Serapio, San Pedro Pascual y otros muchos.
El culto a
Nuestra Señora de la Merced se extendió muy pronto por Cataluña y por
toda España, por Francia y por Italia, a partir del siglo XIII. El año
1265 aparecieron las primera monjas mercedarias. Los mercedarios estuvieron
entre los primeros misioneros de América. En la Española o República
Dominicana, por ejemplo, misionó Fray Gabriel Téllez (Tirso de Molina).
Barcelona se
gloria de haber sido escogida por la Virgen de la Merced como lugar de su
aparición y la tiene por celestial patrona. "¡Princesa de Barcelona,
protega nuestra ciudad!"
En el museo
de Valencia, hay un cuadro de Vicente López en el que varias figuras
vuelven su rostro hacia la Virgen de la Merced, como Implorándola, mientras
la Virgen abre sus brazos, extiende su manto, cubriéndolos a todos con
amor, así su titulo de Santa María de la Merced.
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