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MADRE
TRES VECES ADMIRABLE DE SCHOENSTATT

La devoción
a la Madre Reina y Victoriosa Tres Veces Admirable de Schoenstatt se origina
en el Santuario original que está en Shönstatt (Alemania) a orillas del río
Rhin, cerca de la cuidad de Vallendar. Allí el 18 de octubre de 1914, el Padre
José Kentenich junto a un grupo de jóvenes se consagraron a la Virgen,
sellando en Ella una Alianza de Amor. Le pedían a María que se
estableciera en el Santuario, y que desde allí distribuyera los abundantes
dones y gracias que su Hijo Jesucristo le concede, a cambio ellos lo ofrecían
sus oraciones y sus sacrificios, sus éxitos y sus fracasos.
Oración
para rezar en un Santuario
Querida
Madre y Reina: Vengo a tu Santuario a buscar el silencio que afuera en el
mundo lleno de ruidos , no es facil encontrar.
En mi
ambiente muchas veces se vive la intranquilidad y en mi familia no siempre
se vive la alegría, por eso a veces la vida se me hace dificil.
Hoy
junto a Ti, quiero encontrar la paz; quisiera silenciar mi corazón ya que
muchas veces no puedo rezar porque mi alma no puede descansar en Ti.
Ahora no
sé que decirte pues mi corazón está lleno de tantas cosas...deseo
renovarme interiormente en tu presencia, aquí ante tu trono, ante tu Hijo
vivo y presente en el Sagrario. Con mucha esperanza he venido a tu
Santuario, quisiera quedarme aquí espiritualmente para siempre y recibir
con el corazón abierto todo lo que tú me tienes preparado.
Madre,
al mirar tu imagen, descubro que tu me miras como si hubieras estado esperándome.
Yo sé que quieres ser mi madre; Cristo tu Hijo te dio esta gran misión
desde la cruz cuando dijo a Juan: "He aquí a tu Madre". Y Tú me
aceptas tal cual soy; con todo lo que me preocupa y alegra, con mis deseos y
necesidades, con mis talentos y miserias y en tu corazón encuentro hogar,
seguridad y paz.
Allí me
siento cobijado. Madre, escribe mi nombre en tu corazón y no lo borres jamás;
desde allí enséñame el arte de descubrir el amor Misericordioso del Padre
en todas las circunstancias de mi vida. Edúcame para que siempre pueda dar
un sí dispuesto a la voluntad de Dios. Transforma mi pequeño corazón,
dame la fortaleza en el dolor, paciencia y valor en las adversidades de la
vida y dame la gracia que me impulse a colaborar en la construcción del
Reino de Dios en mi ambiente.
Por eso
hoy me entrego a Ti:
Oh Señora
mía. Oh Madre mía, yo me ofrezco todo a Ti y en prueba de mi filial afecto
te consagro en este día: mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón, en
una palabra todo mi ser; ya que soy todo tuyo oh Madre de bondad, guárdame,
defiéndeme y utilízame como instrumento y posesión tuya. Amén.
POR FAVOR, VISITE EL
SANTUARIO DE SU PAIS
ALLI, LA SANTISIMA VIRGEN LO AGUARDA Y ESPERA.
DISFRUTARA DE UNA EXPERIENCIA MARAVILLOSA ANTE SU SOLA PRESENCIA
GRACIAS POR SU GENEROSIDAD
Historia de la
fundación del Primer Santuario en Uruguay
El 1º de
octubre de 1926 el P. José Kentenich fundó el Instituto Secular de las
Hermanas de María de Schoenstatt, que en pocos años se extendió por el
mundo: En diciembre de 1933 partieron las primeras Hermanas a Sudáfrica, en
1934 fue enviado otro grupo al Brasil y en noviembre de 1935 llegaron a la
Argentina.
El 30 de enero
de 1933 el nacionalsocialismo llegó al poder en Alemania. El Padre
Kentenich vió con toda claridad que ese régimen perseguiría a la Iglesia
y por consiguiente a Schoenstatt. Este fue uno de los motivos por los que
aceleró el envío de las Hermanas de María a países fuera de Europa. En
el caso de que Schoenstatt fuera destruido en Alemania, debía ser fecundo
en otros países.
El Padre y
Fundador no lo hizo público, pero podemos descubrir su intención en una
pequeña anécdota: cuando ya había comenzado la segunda guerra mundial,
pudo salir aún de Alemania un último contingente de Hermanas. El Padre
exclamó con satisfacción y alegría: ¡ Otro grupo fuera del país !
La
urgencia por la partida no permitió que las Hermanas pudieran prepararse
debidamente, aprendiendo al menos el idioma y las costumbres de cada país.
La mayor parte de ellas se había ofrecido voluntariamente y casi todas eran
muy jóvenes e inexpertas. Por lo general, recién habían terminado su
noviciado de dos años.
En la
Argentina, tal como sucedió en otros países, comenzaron con la pastoral de
los católicos de habla alemana: primero en Villa Ballester, luego en Valentín
Alsina y más adelante en la capital Federal.
En 1936, desde
el Uruguay solicitaron la presencia de las Hermanas de María en Nueva
Helvecia, localidad del Departamento de Colonia.
Esta es también
una permisión de la providencia: En 1914 la "Liga de Damas Católicas"
se había propuesto construir un colegio religioso en Nueva Helvecia y
trabajó con mucho entusiasmo para lograr este fin. Su anhelo era que el
colegio estuviera dirigido por religiosas suizas ya que Nueva Helvecia (como
su nombre lo indica) es una colonia de ese origen, pero no las encontraron.
Por eso le hicieron la oferta a unas religiosas de origen alemán, las que
no aceptaron porque la ciudad era demasiado pequeña. Al enterarse de esto
el P. Raabe -sacerdote Palotino del Brasil que visitó Nueva Helvecia-
transmitió el pedido a las Hermanas de María que estaban en Santa María,
Brasil.
La Superiora
de este lugar consideró que por razones de distancia e idioma, era
conveniente que lo asumieran las Hermanas de la Argentina y así derivó el
caso a la Hna. Cándida quien se hallaba entonces en Villa Ballester y era
la responsable de la comunidad.
Las Hermanas
accedieron a ese pedido y llegaron al Uruguay el 29 de marzo de 1937. El 15
de abril del mismo año comenzaron las clases en el Colegio Mater Ter
Admirabilis, que funcionaba en una casa antigua y muy precaria situada en el
centro de la ciudad.
Como el
colegio no tenía capilla la MTA (Mater Ter Admirabilis) se estableció en
la parroquia de Nueva Helvecia, dedicada a la Santísima Trinidad, para
realizar desde allí sus fines. El 11 de octubre de 1937 (fecha en que antes
de la reforma litúrgica se conmemoraba la Maternidad Divina y en la que
festejábamos el patrocinio del colegio y del Santuario Original) le pedimos
permiso al Párroco, P. Amengual, para colocar una gran imagen de la MTA en
el altar. El lo concedió y lo llevamos adornado con muchas flores, lo que
agradó mucho al Sr. Párroco. Tanto fue así que después de una solemne
Misa, consagró espontáneamente a toda su parroquia a la Mater Ter
Admirabilis... Entonces nadie soñaba siquiera que Ella elegiría a Nueva
Helvecia para construir su primer Santuario filial.
Con el
transcurso de los años aumentaron los alumnos y se hizo necesario construir
más aulas. Se les sugirió a las Hermanas y a la Comisión buscar un lugar
para ampliar el Colegio. Con la colaboración de la Liga de Damas y de otros
bienhechores, las Hermanas compraron el terreno el 16 de abril de 1938 y
junto con la Comisión obtuvieron un préstamo de un banco local para
iniciar la construcción de un nuevo edificio. Se comprometieron a pagar las
cuotas y los intereses anuales con lo que recaudaron por medio de kermeses y
otros beneficios.
El terreno tenía
algo más de 50 metros de frente por 100 metros de fondo y estaba ubicado en
una calle de acceso al centro de la ciudad.
El Colegio -un
hermoso edificio de dos alas- fue proyectado por el Arquitecto Antonio
Propst que vivía en Buenos Aires. Y aunque estaba inconcluso, fue
habilitado en octubre de 1939. El año anterior, 1938, la dirección de la
comunidad de las Hermanas de María se había trasladado de Villa Ballester
(Argentina) a Nueva Helvecia (Uruguay) seguramente porque allí tenían la
única casa propia y además creyeron tener mejores perspectivas que en las
dos casas filiales en la Argentina, situadas también en lugares muy periféricos
(V.Ballester y V.Alsina).
El desarrollo
de los acontecimientos hasta ese momento, indica con claridad la conducción
de la Madre Tres Veces Admirable, la preparación consecuente del terreno
para sus planes de construir en el Uruguay, en Nueva Helvecia, el primer
Santuario Filial de Schoenstatt.
Podría surgir
la pregunta: ¿para qué?
Viendo el
actual desarrollo y sabiendo que en su primera visita (1947) el Padre y
Fundador dijo claramente que la casa central de las Hermanas y su dirección
deberían volver a la Argentina, se confirma que la Mater quería el primer
Santuario filial de Schoenstatt en el Uruguay y no en Montevideo, sino en
Nueva Helvecia.
¿Porqué la
Mater lo quiso así? ¿No habrá querido hacer con esto un paralelo con el
Santuario original de Schoenstatt?
Schoenstatt
está situado junto a la pequeña ciudad de Vallendar en Alemania, país
herido por la reforma protestante y por distintas corrientes filosóficas,
carente de la calidez que da la vida de la fe.
También el
Uruguay sufre bajo la fuerte influencia del laicismo a ultranza y los
habitantes de Nueva Helvecia, pequeña ciudad turística de unos 12.000
habitantes, profesan varias religiones o ninguna...
¿Es que acaso
la Mater quiso manifestar que sus Santuarios no están destinados -en primer
lugar- para los ambientes católicos sino para evangelizar a los
indiferentes, ateos, tibios?
¿Quién
construiría hoy un Santuario en una localidad pequeña como Nueva Helvecia?
Pero la Sma. Virgen quiso evidentemente establecerse allí. Ella eligió ese
lugar. Y el padre Fundador, en momentos difíciles, nos sugirió que no nos
retiráramos de allí, aún cuando nuestros esfuerzos parecieran estériles.
El escribió
en noviembre de 1954:
No debemos
permitir que surja el pensamiento: : " dejemos al pequeño Uruguay y no
molestemos más a ciertos círculos.
El Santuario
de Nueva Helvecia es el primer Santuario Filial, por eso se lo debe proteger
de un modo especial.
El será
fecundo y debe ser conquistado reciamente como Torre de David "
En cuanto a la
ubicación, Ella proveyó todo para que el Santuario se construyera en un
terreno que fuera propiedad de las Hermanas y en un lugar importante para
ellas. Más tarde el Padre Kentenich destacó esto repetidas veces, además
de otras ideas-fuerza que mencionaremos más adelante.
Al
establecerse en el Uruguay la Madre Tres Veces Admirable actuó estratégicamente
como Madre, eligió lo pequeño, lo pobre, para poder manifestarse luego
como Reina y Victoriosa Tres Veces Admirable en todas las dificultades del
desarrollo de su primer Santuario filial.
Ella no
abandona jamás lo que ha elegido. Como intercesora quiere derramar sus
gracias para siempre desde allí y espera a sus colaboradores para obrar
maravillas precisamente por medio de las dificultades.
¡Y ellas no
faltaron nunca ! Vaya un ejemplo de aquel tiempo: Se necesitaban con
urgencia más Hermanas. El estallido de la segunda guerra mundial (lº-9-1939)
imposibilitó la salida de cinco de ellas de Alemania destinadas al Uruguay.
Dos tendríamos que haber llegado en mayo de 1939, pero no recibimos a
tiempo el permiso de radicación. Para las otras tres se hizo el trámite en
la Argentina. Una de ellas debía rendir aún en septiembre el examen final
de su carrera.
A causa de la
guerra no zarpaba ningún barco de puertos alemanes. Además, salir en ese
momento hubiera sido muy peligroso. Humanamente hablando, todo era
imposible... Pero las cinco Hermanas poseíamos una confianza ciega en
nuestra "varita mágica": El "Mater habebit curam" (La
Madre cuidará).
Todos
afirmaban que no saldríamos. Nosotras, llenas de confianza,
"construimos" espiritualmente nuestro barco y lo bautizamos:
"Victoria de Schoenstatt"
En enero de
1940 llegó a Schoenstatt un capuchino del Brasil. Entonces nos dijimos
espontáneamente: "si él pudo entrar, nosotras podremos salir"
Averiguamos que había llegado en un barco italiano.
Nuestra
Familia de Hermanas hizo cuanto pudo para posibilitar nuestro viaje. El
problema más serio era el pago, ya que el Estado no aceptaba marcos.
Entonces se envió un telegrama a las Hermanas de Nueva Helvecia para que
ellas pagaran los pasajes. ¡Por supuesto que no tenían el dinero necesario
! Tuvieron que tomarlo del préstamo para la construcción del colegio... Y
a causa de la guerra los pasajes habían aumentado un cincuenta por ciento.
Se agregaba
una nueva dificultad por falta de medios. Finalmente el 28 de marzo de 1940
llegaron al Uruguay las cinco Hermanas; ése fue el último barco italiano
que llegó a Sudamérica debido a que Italia también se plegó a la guerra.
¿Cómo nació la idea de
construir un Santuario?
La Hna. M. Clara había
salido de Alemania en 1938 con la idea (algo remota) de construir un
Santuario. Incluso había traído consigo los planos del Santuario original,
pero nadie lo sabía.
La idea de construir el
Santuario nació de una necesidad impuesta por el apostolado.
En todas las casas, tanto
en la Argentina como en el Uruguay, comenzamos inmediatamente a trabajar con
grupos de Schoenstatt. Para ello era imprescindible vincular a niños, jóvenes
y adultos con la fuente de gracias: El Santuario.
Pronto nos dimos cuenta que
esto era prácticamente imposible: Teníamos una gran foto del Santuario
Original y también una ermita con la imagen de la MTA, pero nada de esto
podía suplir la experiencia del Santuario. En 1941 surgió el deseo unánime
de construir un Santuario exactamente igual al original. La causa no fue
-como suelen pensar algunos- que las Hermanas construyeron el Santuario
porque extrañaban Schoenstatt. No fueron tan fuertes las nostalgias ya que
estábamos muy vinculadas interiormente al Santuario original y nos unía la
gran misión apostólica.
La Virgen nos hizo ver
claramente que, para quienes no lo conocían, era imposible una vinculación
intelectual con un Santuario ubicado en Europa al que -por costumbres y
posibilidades de aquel entonces- jamás iban a poder visitar.
El fracaso apostólico por
la falta de la fuente de gracias, nos unió profundamente a todas en esta
dificil empresa de ser pioneras.
Hablando humanamente, esta
iniciativa era -desde todo punto de vista- una locura. En lo material, habíamos
contraído grandes deudas al tener que pagar el pasaje de las últimas cinco
Hermanas y sobre todo debido a la construcción del colegio, aún
inconcluso.
A esto se sumaban los
gastos normales de alimentación, servicios, etc. que casi no podíamos
cubrir pues los ingresos no eran suficientes. (En el Uruguay los colegios
privados no reciben subvención alguna del Estado).
En mayo de 1941 surgieron
algunas iniciativas para recaudar fondos: Al ser Nueva Helvecia un lugar de
turismo entre Colonia y Montevideo, los fines de semana había una gran
afluencia de gente. Dos Hermanas tomaron contacto con estas personas y
trataron de interesarlas por el Santuario. Entre ellas se hallaba el dueño
de una fábrica de fósforos de Montevideo que nos ayudó mucho en la
realización de nuestro proyecto...
Pero antes debo contarles
del momento en que tomamos la decisión.
En las vacaciones de
invierno hacíamos nuestros ejercicios espirituales. Nos reuníamos todas
las Hermanas del Uruguay y de la Argentina: éramos veinte.
A principios del mes de
julio de 1942 llegó el momento histórico en el que nos decidimos a
construir el Santuario.
No fue nada facil tomar
esta decisión: Todas conocíamos muy bien nuestra situación económica y
por ello varias sostenían que primero era preciso pagar las deudas. El
argumento era muy sensato, pero hacer esto nos hubiera insumido muchos años
y nos urgía fundar Schoenstatt en estas tierras.
Eramos conscientes de que
la construcción del Santuario iba a costar mucho: especialmente el techo,
el retablo del altar y las ventanas.
En todas nuestras casas
filiales se podía "seguir tirando" pero no existían perspectivas
de una posible mejoría por la carencia de Hermanas que aportaran su
trabajo. Eramos solo veinte (distribuidas en la Argentina y el Uruguay) y
todas alemanas; así que debíamos contratar personal docente al que -por
supuesto- había que pagarle. Y sin embargo la construcción del Santuario
nos urgía.
Había aún un problema
mucho más importante y delicado:
¿Podemos construir un
Santuario igual al original?
Al partir de Schoenstatt,
todas escuchábamos en el canto de despedida, un estribillo que decía:
"Solo hay un Santuario..."
¿Podríamos atrevernos a
construir otro? ¿No era eso traicionar lo más esencial de Schoenstatt? ¿A
quién preguntar? La guerra había interrumpido las comunicaciones con
Alemania y no podíamos consultar nada a la Dirección de nuestra Familia ni
a nuestro Padre y Fundador que estaba prisionero en el campo de concentración
de Dachau... La decisión estaba totalmente en nuestras manos...
Las Hermanas de los otros
países nos reprocharon nuestra "infidelidad a Schoenstatt" . Y a
pesar de esta opinión adversa, estábamos totalmente convencidas de que habíamos
sido enviadas aquí para edificar Schoenstatt y esto, sin el Santuario, era
imposible. Para nosotras era evidente que debíamos edificar un Santuario en
estas tierras. (Cabe recordar en este contexto que años más tarde, durante
la larga búsqueda -de tres años y ocho meses- del terreno para la
construcción del primer Santuario en la Argentina, el Padre y Fundador solía
repetir a menudo: "Sin el Santuario no hago nada...")
Volviendo ahora a nuestra
historia, en ese encuentro de julio de 1942 estudiamos el asunto a fondo:
Llegamos a estas conclusiones:
Este Santuario es una
filial del Santuario original y por lo tanto debe permanecer siempre
vinculado a él.
En cuanto a su
eficacia: El Santuario filial recibe las gracias que fluyen del
Santuario original pero a su vez aumenta el capital de gracias de él.
Lo comparamos a una
corriente subterránea que fluye desde el Santuario original y vuelve
enriquecida hacia él.
Hoy tengo todavía presente
el pizarrón en el que dibujamos a la derecha y arriba al Santuario Original
y a la izquierda, abajo, a nuestro Santuario. Ambos están unidos por las
dos corrientes... Y más tarde ¡que alegría nos causó el Padre y Fundador
al darnos la misma explicación gráfica que nosotras habíamos hecho en
nuestro afán por esclarecer el problema !
Resolvimos colocar la
piedra fundamental el 18 de octubre de 1942, como expresión de esa unidad.
El aspecto material lo
solucionamos así: Trataríamos de recaudar fondos para la construcción
pero sin contraer deudas. Se trataba de la casa de la Virgen. Ella se
preocuparía. Pero también: "Nada sin ti, nada sin nosotras".
Nuestro principal afán era
el capital de gracias. Ya en 1941 las Hermanas (especialmente las que
trabajaban en el Uruguay) se habían esmerado en hacer aportes para el
capital de gracias. Oportunidades sobraban: Todos los sacrificios que suponían
la adaptación al país, el clima, el trabajo y las dificultades de la vida
diaria; la preocupación por el Padre y Fundador, prisionero en el campo de
concentración; por la Familia de Schoenstatt y nuestros familiares y sobre
todo las dificultades con el idioma que aún no dominábamos y que debía
convertirse en nuestro principal instrumento para el apostolado...
Nuestras aspiraciones
durante el mes de mayo (mes de María en casi todo el mundo) se centraron
-en las cinco casas filiales (Nueva Helvecia, Cardona y Salto en el Uruguay;
V.Ballester y V.Alsina en la Argentina)- en la construcción espiritual del
Santuario.
Nuestros alumnos se
entusiasmaron mucho y motivados continuamente por nosotras, se mostraron
ampliamente generosos.
También las señoras y las
chichas participaron en esta campaña de oraciones y sacrificios.
Otra buena oportunidad para
ofrecer sacrificios se nos presentó con la búsqueda de los medios
materiales para la construcción. No debíamos recurrir a la Comisión de
Damas pues ya tenía la tarea de recaudar fondos para abonar los intereses y
la amortización del préstamo pedido para la construcción del colegio.
Los niños aprovecharon
toda ocasión que se les presentaba para ganar unos céntimos. Algunos traían
masitas y las vendían en el recreo. Los varones recorrieron el pueblo
juntando botellas, latas, papel, etc. que luego vendían con gran
entusiasmo. Una mamá tejió un pullover para que su hijo lo pudiera rifar.
Otros contribuían con una torta y otro premio. En Cardona las Hermanas
hicieron un teatro de títeres los domingos por la tarde y los alumnos
cobraban la entrada para la "caja" del Santuario.
Por supuesto que con estos
medios no alcanzaba. ¡Aún teníamos que adquirir el terreno donde se
edificaría el Santuario ! Estaba ubicado en la otra esquina de la misma
cuadra del Colegio. Le confiamos esta necesidad a la MTA y lo hicimos
colocando una pequeña ermita cerca del lugar, casi en el límite con el
terreno. Con frecuencia, íbamos allí, tanto los niños como nosotras para
"recordarle" a la Señora y Reina que ese debería ser el lugar de
su casa.
Finalmente se pudo comprar
el terreno con las donaciones que nos hizo el Sr. García Monge (el dueño
de la fábrica de fósforos en Montevideo, antes ya mencionado).
El 28 de febrero llegamos a
un acuerdo con los dueños del terreno y el 10 de junio de 1942 lo compramos
por $428,28 quedando aún en caja $ 327,36 para el inicio de la construcción.
El domingo 4 de octubre el
P. Lorenzo Amengual, nuestro párroco, bendijo el terreno. Días más tarde
se marcó el perímetro del Santuario.
La colocación de la piedra
fundamental -el 18 de octubre de 1942- fue precedida por una semana de oración
y sacrificio que comenzó el 11 de octubre.
Podemos descubrir también
en esto un signo de la Providencia: El 12 de octubre de 1942, se cumplieron
exactamente 450 años de la llegada del Evangelio a América, anuncio del
aniversario que celebraremos en 1992. Sin duda, esto es un signo de la misión
que quiere cumplir la Sma. Virgen desde éste y los demás Santuarios de América.
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LA PROYECCION -
SCHOENSTATT INTERNACIONAL:
En ese tiempo estuvimos totalmente incomunicados con nuestro Padre y
Fundador, que se hallaba prisionero en Dachau.
Luego de la inauguración,
la Hna. M.Clara envió un informe muy detallado y preciso a nuestras
Hermanas en Suiza. A través de ellas se pudo establecer, esta vez, la
comunicación con el Padre.
El recibió la noticia en
el campo de concentración un año después, en octubre de 1944.
A fines de noviembre nos
llegó su respuesta (escrita en versos para velar la importancia de su
contenido, tal como lo hizo durante su prisión).
La Sma. Virgen cuidó de
todo. La carta salió de Dachau y llegó a manos de la Hna. Cándida, vía
Suiza. La traducción del texto es la siguiente:
"A mi soledad llegó
la noticia que un nuevo Santuario ha sido bendecido. Que la Madre de Dios
bendiga a todos los que se encuentren con Ella en este Santuario, que los
transforme en hombres y mujeres nuevos y los cobije cálidamente en su corazón.
Que de todos ellos, haga apóstoles ardientes que sin desfallecer realicen
los deseos de Dios."
Guardamos como un tesoro
esta confirmación del Padre y Fundador, aunque jamás dudamos que la
construcción del Santuario era conforme a la voluntad de Dios.
Recién en su primera
visita a nuestra Provincia -desde el 9 de mayo hasta fines de agosto de
1947- nuestro Padre y Fundador pudo señalar la trascendencia de nuestro
Santuario.
Cuando lo vio por primera
vez, descubrió con gran alegría, hasta en los más pequeños detalles, la
similitud con el Santuario original. Tanto su forma externa como el altar
eran iguales. A pesar de todas las dificultades, la MTA se preocupó de que
esto se haya tenido muy en cuenta en su primer Santuario filial. Luego
nuestro Padre insistió, en los demás países, que se fijaran que su
Santuario fuera una réplica lo más exacta posible del original.
Aprovechó su visita para
transmitirnos sus vivencias de Dachau... Por medio de esto comprendimos que
existía una relación muy profunda entre su trabajo en Dachau y la
construcción de nuestro Santuario.
Entre muchas cosas, él
fundó allí el Schoenstatt internacional. Dachau se prestaba para ello: Los
nazis le había hecho al Padre el "favor" de concentrar en Dachau
a todos los sacerdotes que se hallaban en otros campos y provenían de
diferentes naciones. Los había franceses, polacos, holandeses, belgas,
checoslovacos, etc.
En 1944 dos grupos de estos
sacerdotes sellaron su alianza de amor con la MTA. Uno la hizo tomando como
símbolo el corazón y el otro la mano.
La realizaron caminando por
las calles del campo, para no llamar la atención de los guardias. Las
palabras que nuestro Padre les dirigió en esta ocasión entraron luego a
formar parte de la "Tercera Acta de Fundación"
Una mañana de mayo de 1947
nuestro Padre se hallaba frente al Santuario con la Hna. Ursula y la Hna.
M.Clara. Mientras lo contemplaba les dijo: "¿saben ustedes que este
Santuario tiene una importancia histórica fundamental?" Después les
contó algo que al mes siguiente -el 21 de junio de 1947- escribiría en un
informe sobre nuestra Provincia:
"En Dachau luchamos
durante largo tiempo por el Schoenstatt Internacional. Los schoenstattianos
polacos no apoyaban esta idea. El tener que vincularse a Schoenstatt
(Alemania) les resultaba un gran obstáculo casi imposible de salvar, tanto
intelectual como afectivamente. Un sacerdote francés creyó encontrar la
solución diciendo que Schoenstatt no está en Alemania, sino en el mundo,
pero tampoco esto los convenció. Fue entonces cuando llegó el relato de
Uruguay que describía detalladamente la inauguración del Santuario y
mostraba como el pueblo se nucleaba más y más en torno al pequeño lugar
de gracias, réplica fiel y perfecta de nuestro Santuario de Schoenstatt.
Con esto se solucionaron todos los cuestionamientos y se pudo fundar el
Schoenstatt Internacional"
Es evidente que la
internacionalidad de Schoenstatt sería inimaginable sin el Santuario
presente en todo el mundo. Sin él, Schoenstatt no puede crecer, no puede
cumplir su misión.
El Padre mismo fue el
primer propagador del Santuario filial.
Antes de llegar a nuestro
país, pasó por Brasil y colocó en Santa María, R.S. la piedra
fundamental del Santuario.
Durante sus viajes por el
mundo continuó promoviéndolo. Nadie puso resistencia y por eso en Sudamérica
se construyeron los primeros Santuarios filiales. Cada país quería tener
el suyo.
Cuando llegó a Sudáfrica,
bendijo allí tres o cuatro piedras fundamentales.
El 11 de abril de 1948 fue
inaugurado el Santuario de Santa María, en el Brasil. El 20 de mayo de 1949
el de Bella Vista, en Chile. El 28 de diciembre de 1949 el de Cathcart, en
Sudáfrica. Al año siguiente, el 2 de julio de 1950, se inauguró el primer
Santuario filial en Alemania, en María Rast.
Según las estadísticas, a
fines de 1984, Alemania tenía 45 Santuarios incluido el original.
En todo el mundo hay
actualmente 93 Santuarios (1989) desde los cuales la MTA distribuye sus
dones y obra milagros de gracias. (A la fecha, octubre de 1993,
aproximadamente 130 Santuarios filiales).
Son verdaderas islas de paz
en medio del mundo actual, tan convulsionado. La semilla que entonces fuera
sembrada, ha dado ya el ciento por uno y hoy pareciera que la Mater hubiera
elegido como lugares estratégicos a Alemania y América del Sur.
¿No querrá realizar desde
estos lugares la construcción de un mundo nuevo?
A lo largo de esta historia
Ella nos mostró claramente lo que espera de su Familia. Cuando se le pide
que se establezca entre nosotros (nuestro Padre nos lo explicó y repitió
innumerables veces durante sus visitas) lo esencial no son los medios
materiales. Estos generalmente son muy escasos... Cuando se trata de la obra
de Dios basta con algo de sentido común y mucha fe... lo demás lo pone la
Sma. Virgen, pero, por supuesto, nunca sin nuestra cooperación y
sacrificios. "Nada sin Ti, nada sin nosotros"
Lo que cuenta es que haya
personas que amen a María y que lo prueben con hechos sacrificándose con
generosidad para aumentar el capital de gracias. Esta es la condición para
que el Santuario siga siendo siempre un lugar de gracias.
Y por último: Varias veces
el Padre y Fundador recordó que así como el Santuario original -en el
tiempo de la persecución nazi- fue protegido por el "Acto del
Santuario", junto a cada Santuario filial debería formarse también un
"círculo de guardia" que garantice para siempre la existencia y
fecundidad de ese Santuario.
Más información sobre la
fundación del primer Santuario en Uruguay en http://ggopar.tripod.com/schoenstatt/index.html
Ver
También: Padre Kentenich
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