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La Virgen María y los Santos
Santos Joaquín y Ana
Joaquín
significa: "Dios dispondrá". Ana quiere decir: "la
bienhechora".
San Joaquín y Santa Ana
tuvieron el honor de ser los padres de la Santísima Virgen María y los
abuelitos de Nuestro Señor Jesucristo. Honor único en el mundo.
Antiguas tradiciones dicen
que su hija María se las concedió Dios después de que ellos oraron con
mucha fe por años y años.
Un santo de los primeros
siglos afirma que Joaquín y Ana dividían los productos de sus campos en
tres partes iguales: una para el templo, otra para los pobres y la tercera
para los gastos de su hogar.
Escritos muy venerables
cuentan que los papas presentaron desde muy pequeña a su hijita en el
templo y que la llevaban muy frecuentemente allí para que la instruyeran en
la santa religión. Parece que le hicieron aprender muchas frases de la
Sagrada Escritura, porque Nuestra Señora en el Cántico que compuso cuando
visitó a Isabel, cita varias frases del Libro Sagrado.
Que la familia mil
veces bendecida de Joaquín, Ana y la Virgen María, llene de bendiciones y
paz a nuestras famlias.-
Joaquín y Ana son dos
nombres llenos de grandeza a los ojos de Dios, grandeza que se esconde en la
sencillez y la humildad. Dos nombres con un sentido maravilloso y
providencial.
Joaquín significa
preparación del Señor, trabajo y constancia. La providencia divina mueve
los hilos de la historia. Durante largos siglos el Señor preparó, por
medio de los profetas y patriarcas, la venida del Deseado de las naciones.
Israel deseaba con ansia renovada esta llegada.
La tardanza no ahogaba
los anhelos de Joaquín y Ana. Ellos se acercaban al ocaso de la vida sin
descendencia. Pero seguían rezando y porfiando al Señor con oración
inflamada. Su esperanza se mantuvo incólume.
Ana "la Madre de la
Mejor", como la llama Lope de Vega en el título de una comedia, quiere
decir amor y plegaria. No era la primera que llevaba este nombre. Una
contemporánea suya, la profetisa Ana, también esperaba al Mesías. Y lo
encontró cuando Jesús fue presentado en el templo.
En el libro I de Samuel
aparece otra Ana, la madre de Samuel, con una historia parecida a la de la
madre de la Virgen María. Estaba rezando ante el Señor. Movía los labios,
pero no se oía su voz.
Los sacerdotes creen que
está borracha. "No he bebido vino, les dice, es que estaba derramando
mi alma ante el Señor". Su alma estaba llena de tristeza. Sufre el
oprobio de la esterilidad, porque Dios no la ha considerado digna de darle
un hijo que pudiera ser el Mesías de Israel. Dios la hizo madre de Samuel.
Por
eso reza y llora también la esposa de Joaquín. Presiente que va a llegar
el Redentor, ora intensamente para acelerar su venida. Pero está triste,
porque se ve envejecer en la esterilidad.
Las oraciones de Ana
fueron escuchadas. Un ángel -según algunos el mismo de la Anunciación- se
aparece a Ana en la Puerta Dorada del templo y le profetiza el nacimiento de
una Niña que se llamará María y será la predilecta del Señor. "Oh
bellísima Niña, dice San Juan Damasceno, benditas las entrañas y el
vientre de los que saliste".
En el seno estéril de
Ana germinó la plenitud de la gracia. En sus entrañas se realizó el
sublime misterio de la Concepción Inmaculada de María "prodigio de
prodigios y abismo de milagros", dice el Damascebo. "Santa tierra
estéril, que al cabo produjo, toda la abundancia, que sustenta el
mundo", según se expresa Miguel de Cervantes en "La
Gitanilla".
Todos los antiguos
anhelos se habían condensado en Joaquín y Ana, en ellos se iban a cumplir
las promesas. Fueron los padres dichosos de la niña María, que Dios luego
la haría su Madre y nuestra Madre.
De Joaquín y Ana
podemos decir que si Dios los escogió para una obra tan admirable, grandes
tuvieron que ser aquellos dos corazones. Si habían de educar a la que Dios
escogía como Madre de su Hijo, cuánta dulzura, bondad y hermosura habría
en aquellas almas. Pues habían sido destinados por Dios para ser los padres
de una Niña sin par, no sólo sin mácula, sino llena de gracia "la
llena de gracia", la bendita entre las mujeres, la Hermosa, la
Agraciada, María "lugar alto en donde habita Dios".
El culto a San Joaquín
es más reciente. Pero el culto a Santa Ana es muy antiguo. En Jerusalén
está la iglesia de Santa Ana, cerca del templo. Allí vivían, según la
tradición, Joaquín y Ana. Y, según la opinión de muchos Padres, ahí
nació la Aurora de nuestra salvación, la Virgen María.
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