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Naturaleza de los
Sacramentos
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Autor:
Cristina Cendoya de Danel |
Como
el amor es algo que no es fácil de demostrar, ya que es invisible e
interior, como invisible es Dios, se necesita descubrirlo por medio de
signos, que son realidades que el hombre puede entender y ver. Por ejemplo,
no basta con sentir o pensar que se ama a alguien, hay que demostrarlo con
palabras y gestos para que el otro se sienta amado.
En el sentido etimológico, la palabra latina “sacramentum” es un
sustantivo que se deriva del adjetivo “sacer” – “sacra” –
“sacrum” que significa algo que santifica (“res sacrans”) y equivale
en griego a la voz “misterio” (cosa oculta, sacra, o secreta). En ellos
se realiza la acción oculta de Dios que se revela en cada acto donde existe
un compromiso del hombre frente a Dios. En un principio, el Plan de Dios
para los hombres era algo oculto, es en Cristo donde se logra su total
manifestación. La obra de Cristo es sacramental porque el misterio de
salvación se hace presente bajo la acción del Espíritu Santo.
Por ello, Jesucristo instituye los sacramentos que “son signos eficaces de
la gracia, instituidos por Cristo y confiados a la Iglesia por los cuales
nos es dispensada la vida divina” (Cat. n.1131). Ellos son un puente entre
Dios y el hombre, donde se obtiene plena comunicación. Son signos sensibles
de una realidad sagrada, espiritual, invisible – no se puede palpar la
gracia – y trascendente. Mediante ellos, los fieles se unen a Dios y
participan – de manera misteriosa y real – de la vida divina. Poseen una
“eficacia” sobrenatural que hace posible que la gracia se produzca, no
son algo que significa la gracia, sino que la producen.
Al haber sido confiados los sacramentos a la Iglesia, ellos son de la
Iglesia Cat.
n.1118. La Iglesia es considerada como sacramento de la acción de
Cristo – que actúa en ella por medio del Espíritu Santo- y por ser signo
e instrumento de la unión con Dios y de la unidad de todo el género
humano. (Cfr. Vaticano II, Const. Lumen gentium, n.1). Por lo tanto, los
sacramentos existen “por ella” y “para ella” porque son los que
constituyen la Iglesia.
Todo lo que Cristo hacía y decía en su vida oculta y en su vida pública
– aunque a veces resultara incomprensible - tenía un sentido de salvación.
Era la preparación que se necesitaba para cuando llegara el momento de
entregar a la Iglesia todos estos misterios.
Lo que Cristo da en los sacramentos, por medio de la Iglesia y sus
ministros, tiene su fundamento en los misterios de la vida de Cristo. Los
sacramentos son las obras maestras de Dios.
La Iglesia – sacramento universal de salvación – es el signo visible de
la presencia de Cristo presente entre los hombres. Cristo le da a su Iglesia
los sacramentos – “maravillas de Dios” – y estos hacen que Ella
cumpla con la misión de santificar, distribuyéndolos a los fieles, como
camino hacia la santificación.
Publicado
originariamente en es.catholic.net
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