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8ª Estación:
Jesús consuela a las hijas de Jerusalén
Te adoramos, Señor,
y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo. Muchas
veces, tendría yo que analizar la causa de mis lágrimas. Al menos,
de mis pesares, de mis preocupaciones. Tal vez hay en ellos un fondo
de orgullo, de amor propio mal entendido, de egoismo, de envidia.
Debería llorar por
mi falta de correspondencia a tus innumerables beneficios de cada día,
que me manifiestan, Señor, cuánto me quieres. Dame profunda
gratitud y correspondencia a tu misericordia. Señor, pequé, ten
piedad y misericordia de mí.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria...
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