El siguiente artículo fue
tomado de la "Iglesia Ortodoxa"
Por el Obispo Kallistos Ware
Hay un tipo de oración privada, ampliamente usada en Occidente, desde el
tiempo de la Contra Reforma, la cual nunca ha sido una característica de
la espiritualidad Ortodoxa: la 'Meditación' formal, hecha de acuerdo a un
'Método' - el Ignaciano, el Sulpiciano, el Salesiano, o algún otro. Los
Ortodoxos son alentados a leer la Biblia o a los Padres, despacio,
meditándolos, pero tal ejercicio, aún cuando es, en su conjunto,
excelente, no se considera que constituya una oración, ni ha sido
sistematizado y reducido a 'Método'. Se recomienda que cada quien lea como
le sea de más ayuda.
Pero, aún cuando los Ortodoxos no practican la Meditación basada en un
método, hay otro tipo de oración personal que, durante muchos siglos, ha
jugado una parte, extraordinariamente, importante en la vida de la
Ortodoxia: la Oración de Jesús: "Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten
Misericordia de mi, pecador". Ya que algunas veces se ha dicho que los
Ortodoxos no prestamos suficiente atención a la Persona del Cristo
Encarnado, vale la pena señalar que ésta, seguramente, la más clásica de
todas las oraciones Ortodoxas, es, esencialmente, una oración centrada en
Cristo, una oración dirigida y concentrada en el Señor Jesús. Aquéllos que
se criaron en la tradición de la Oración de Jesús, no les es permitido,
nunca, ni por un momento, olvidar al Cristo Encarnado.
Para ayudarse en el rezo de esta oración, muchos Ortodoxos utilizan un
Rosario, algo diferente a la estructura del Rosario occidental. Un Rosario
Ortodoxo es, a menudo, hecho de lana, para que, a diferencia de las
cuentas, no haga ruido.
La Oración de Jesús es una oración de maravillosa versatilidad. Es una
oración para principiantes, pero, igualmente, es una oración que conduce a
los misterios más profundos de la vida contemplativa. Puede ser usado por
cualquiera, en cualquier tiempo, en cualquier lugar, ya sea mientras se
está esperando en filas, caminando, viajando en camiones o trenes, en el
trabajo, cuando no se puede dormir por las noches, o en tiempos de
particular ansiedad, cuando es imposible concentrarse en otra clase de
oración. Pero, aún cuando cada Cristiano puede usar la Oración de Jesús,
en diversos momentos, de esta manera, es totalmente diferente el
recitarlo, más o menos, continuamente, y siguiendo los ejercicios físicos
que están asociados a él. Los escritores espirituales Ortodoxos insisten
en que aquéllos que usan la Oración de Jesús, sistemáticamente, deben, si
es posible, colocarse bajo la guía de un director experimentado, y no
hacer nada por su propia iniciativa.
Para algunos, llega el tiempo, en el que la Oración de Jesús 'entra al
corazón', y ya no es recitada por un esfuerzo deliberado, sino que ésta se
recita a sí misma, espontáneamente, continuando, incluso, cuando un hombre
habla o escribe, está presente en sus sueños, y lo levanta por las
mañanas. En las palabras de San Isaac, el Sirio: "Cuando el Espíritu
habita en un hombre, él no cesa de orar, porque el Espíritu,
constantemente, orará en él. Entonces, la oración no se cesará de su alma,
ni cuando duerme, ni cuando se despierta, sino que cuando come y cuando
bebe, cuando se sienta o cuando hace cualquier trabajo, incluso cuando
está sumido en el sueño, los perfumes de la oración se derramarán en su
corazón, espontáneamente". (Tratados Místicos, editados por
Wensinck, p. 174).
Los Ortodoxos creen que el Poder de Dios está presente en el Nombre de
Jesús, por lo que la invocación de este Nombre Divino actúa "como una
señal real de la Acción de Dios, como una especie de Sacramento" (Un
Monje de la Iglesia de Oriente, La Oración de Jesús, Chevetogne, 1952,
p. 87). "El Nombre de Jesús, Presente en el corazón humano, le comunica el
Poder de la deificación... Brillando a través del corazón, la Luz del
Nombre de Jesús ilumina todo el universo". (S. Bulgakov, La Iglesia
Ortodoxa, págs. 170-171).
Tanto para aquéllos que lo recitan, continuamente, como para aquéllos,
quienes sólo lo emplean, ocasionalmente, la Oración de Jesús ha demostrado
ser una gran fuente de seguridad y alegría. Citando El Camino del
Peregrino: "Y así es cómo hago ahora, y repito, incesantemente, la Oración
de Jesús, la cual es más preciosa y dulce para mí, que nada en el mundo. A
veces, camino hasta 43 o 44 millas al día, y no siento, para nada, que
estoy caminando. Únicamente, estoy consciente del hecho de que voy
diciendo mi Oración. Cuando el amargo frío me penetra, empiezo mi Oración,
con más fuerza, y, rápidamente, entro en calor. Cuando el hambre empieza a
dominarme, llamo, más a menudo, el Nombre de Jesús y olvido mi deseo de
alimento. Cuando me enfermo y tengo reumatismo en mi espalda y piernas,
fijo mis pensamientos en la Oración y ya no siento el dolor. Si alguien,
me daña, sólo tengo que pensar: '¡Qué dulce es la Oración de Jesús!' y,
tanto las heridas, como el enojo, pasan y olvido todo... Doy gracias a
Dios, porque ahora entiendo el significado de aquellas palabras que
escuché en la Epístola: 'Oren sin cesar' (1 Tesalonicenses 5,17)" (El
Camino de un Peregrino, págs. 17-18).
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