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MARÍA, EVANGELIZADA Y
EVANGELIZADORA
Extractado de SÍNODO
DE LOS OBISPOS. ASAMBLEA ESPECIAL PARA AMÉRICA. ENCUENTRO CON JESUCRISTO
VIVO, CAMINO PARA LA CONVERSIÓN, LA COMUNIÓN Y LA SOLIDARIDAD EN AMÉRICA.
LINEAMENTA.
María es el modelo
en el camino evangelizador, pues en Ella se da la plenitud de gracia. El
Espíritu Santo, que la transforma por entero, le ofrece la misión de la
maternidad divina, preservando su virginidad (cf. Lc 1,30-35). María,
con la perfecta obediencia de la fe, da su "sí" humilde y
generoso a Dios (cf. Lc 1,38) y se deja evangelizar plenamente,
acogiendo la Palabra de Dios en su corazón antes que en su seno. Por eso,
ella se transforma a su vez en la primera evangelizadora, pues a través
de ella el Salvador se ofrece a todos los hombres: a Isabel y a su hijo,
Juan Bautista (cf. Lc 1,39-45), a los pastores (cf. Lc
2,16-20), a los magos (cf. Mt 2,10-11), a Simeón y a la profetisa
Ana (cf. Lc 2,27-38), y a tantos hombres de buena voluntad que se
acercaron a Él durante su ministerio público. Finalmente María es la
Nueva Eva y la Madre de la Iglesia, que recibe a toda la humanidad en la
figura del discípulo amado de manos de su Hijo agonizante en el Calvario
(cf. Jn 19,25-27). Desde entonces María está siempre presente en
la vida de la Iglesia.
También en el Pueblo
Dios que está en América se hizo presente la Madre del Redentor desde el
inicio de la primera evangelización, sobre todo desde 1531, en que, bajo
la advocación de Guadalupe en la aparición a Juan Diego, ella ofrece en
el cerro del Tepeyac, protección materna a todos los hombres y mujeres
del Continente americano. Bajo muchas otras advocaciones la Virgen María
es también venerada como Madre de Dios y Madre de todos los hombres en
los diversos países y regiones donde el pueblo fiel manifiesta, a través
del culto mariano, su pertenencia inconfundible a la Iglesia Católica.
Por eso, el Papa Juan Pablo II da a María los títulos de Estrella de
la primera Evangelización y de la Nueva Evangelización. También hoy
como en Belén, en Caná y en el Calvario, María, Estrella de la
Evangelización en América, continúa sosteniendo con su presencia la
obra del anuncio de Jesucristo, Salvador del hombre.
El Espíritu que
transformó a María en la primera evangelizada y la primera
evangelizadora, es el mismo Espíritu del Señor que acompañó a su Hijo
al iniciar su ministerio público en Galilea: "El Espíritu del Señor
sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena
Nueva..." (Lc 4,16-21). También en nuestra época el Espíritu
Santo es el principal evangelizador e impulsa a la Iglesia que está en América
a cantar con María el Magnificat, su "canto de
alabanza", confirmando una vez más que no se puede separar la verdad
sobre Dios que salva de la manifestación de su amor preferencial por los
pobres y los humildes.
En el camino hacia el
Gran Jubileo del Año 2000 la Virgen María será para la Iglesia en América
modelo de conversión, de comunión y de solidaridad para que la obra
salvadora de su Hijo llegue a todos los hombres y mujeres del Continente.
Por eso, el Papa Juan Pablo II al anunciar la celebración del Gran
Jubileo del Tercer Milenio ha querido confiar el empeño de toda la
Iglesia a la celestial intercesión de María, Estrella que guía a los
cristianos al encuentro con el Señor..
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