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MARÍA
EN LOS DOCUMENTOS DE LOS PRIMEROS CRISTIANOS
Hasta
ahora hemos recurrido a los escritos y a la tradición de la iglesia
dejada por los primeros cristianos para poder complementar y explicar las
enseñanzas del Antiguo o del Nuevo Testamento referentes a la
Bienaventurada Virgen. En los siguientes párrafos tendremos que llamar la
atención sobre el hecho de que estas mismas fuentes, hasta un cierto
punto, complementan la doctrina de las Escrituras. A este respecto,
constituyen la base de la tradición; si la evidencia que aportan es
suficiente, en un caso dado, para garantizar su contenido como parte
genuina de la Divina revelación, es un hecho que debe ser determinado de
acuerdo con los criterios científicos ordinarios seguidos por los teólogos.
Sin entrar en estas cuestiones puramente teológicas, presentaremos este
material tradicional, en primer lugar, que arroja luz sobre la vida de María
después del día de Pentecostés; en segundo lugar, en cuanto que nos
proporciona pruebas de la actitud de los primeros cristianos hacia la
Madre de Dios.
VIDA
POST-PENTECOSTAL DE MARÍA
El
día de Pentecostés, el Espíritu Santo había descendido sobre María
cuando vino sobre los Apóstoles y discípulos reunidos en la habitación
del piso alto de Jerusalén. Sin duda, las palabras de S. Juan (19:27)
"y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa", se
refieren no sólo al tiempo entre Pascua y Pentecostés, sino que se
extienden a toda la vida posterior de María. Sin embargo, el cuidado de
María no interfirió con el ministerio apostólico de Juan. Incluso los
documentos inspirados (Hechos 8:14-17; Gálatas 1:18-19; Hechos 21:18)
muestran que el apóstol estuvo ausente de Jerusalén en numerosas
ocasiones, aunque debe haber participado en el Concilio de Jerusalén, en
el 51 ó 52 d. de J.C. Debemos también suponer que en María se cumplían
las palabras de Hechos 2:42: "perseveraban en oír la enseñanza de
los apóstoles y en la unión, en la fracción del pan y en la oración".
De este modo, María fue un ejemplo y una fuente de ánimo para la
comunidad de los primeros cristianos. Al mismo tiempo, debemos confesar
que no poseemos ningún documento auténtico que hable directamente de la
vida post-pentecostal de María.
Localización
de su vida, muerte y enterramiento
En
cuanto a la tradición, existe cierto testimonio sobre la residencia
temporal de María en o cerca de Efeso, pero es mucho más fuerte la
evidencia de su hogar permanente en Jerusalén.
Argumentos
a favor de Efeso
La
residencia de María en Efeso se basa en las siguientes pruebas:
- En
un pasaje de la carta sinodal del Concilio de Efeso (111) se puede
leer: "Por esta razón también Nestorio, el instigador de la
herejía impía, cuando hubo llegado a la ciudad de los efesios, donde
Juan el Teólogo y la Virgen Madre de Dios Sta. María, alejándose
por su propia voluntad de la reunión de los santos Padres y
Obispos..." Dado que S. Juan había vivido en Efeso y había sido
enterrado allí (112), se ha deducido que la elipsis de la carta
sinodal significa bien "donde Juan ...y la Virgen...María
vivieron" o bien "donde Juan...y la Virgen...María vivieron
y están enterrados".
- Bar-Hebraeus
o Abulpharagius, un obispo jacobita del siglo XIII, relata que S. Juan
se llevó consigo a la Bienaventurada Virgen a Patmos, después fundó
la Iglesia de Efeso y enterró a María en un lugar desconocido.(113).
- Benedicto
XIV (114) afirma que María siguió a S. Juan hasta Efeso y allí murió.
Tuvo también la intención de eliminar del breviario aquellas
lecciones donde se mencionaba la muerte de María en Jerusalén, pero
murió antes de llevarlo a cabo.
- La
residencia temporal y la muerte de María en Efeso están apoyadas por
escritores tales como Tillemont (116), Calmet (117), etc.
- En
Panaguia Kapoli, en una colina a unas nueve o diez millas de Efeso, se
descubrió una casa, o más bien sus restos, en la que se supone que
vivió María. La casa fue buscada y hallada siguiendo las
indicaciones proporcionadas por Catharine Emmerich en su vida de la
Bienaventurada Virgen.
Argumentos
en contra de Efeso
Estos
argumentos a favor de la residencia o enterramiento de María en Efeso no
son irrebatibles, si se los examina más detenidamente.
- La
elipsis de la carta sinodal del Concilio de Efeso puede ser completada
de forma que no implique dar por sentado que Nuestra Señora vivió o
murió en Efeso. Dado que en la ciudad había una doble iglesia
dedicada a la Virgen María y a S. Juan, la frase incompleta de la
carta sinodal puede terminarse de forma que diga, "donde Juan el
Teólogo y la Virgen... María tienen un santuario". Esta
explicación de dicha frase ambigua es una de las dos sugeridas al
margen del Collect. Concil. de Labbe (1.c) (118).
- La
palabras de Bar-Hebraeus contiene dos afirmaciones inexactas: S. Juan
no fundó la Iglesia de Efeso, ni tampoco llevó consigo a María a
Patmos. S. Pablo fundó la Iglesia de Efeso, y María había muerto
antes del exilio de Juan en Patmos. No sería sorprendente, por tanto,
que el escritor se equivocara en lo que dice sobre el enterramiento de
María. Además, Bar-Hebraeus vivió en el siglo XIII; los escritores
más antiguos hubieran estado más preocupados acerca de los lugares
sagrados de Efeso; mencionan la tumba de S. Juan y la de una hija de
Felipe (119), pero no dicen nada sobre el lugar donde está enterrada
María.
- En
cuanto a Benedicto XIV, este gran pontífice no pone tanto énfasis
sobre la muerte y sepultura de María en Efeso cuando habla de su
Asunción a los cielos.
- Ni
Benedicto XIV ni otras autoridades que apoyan los argumentos a favor
de Efeso proponen ninguna razón que haya sido considerada concluyente
por otros estudiantes científicos de este asunto.
- La
casa encontrada en Panaguia-Kapouli tiene algún valor en cuanto que
está relacionada con las visiones de Catharine Emmerich. La distancia
hasta la ciudad de Efeso da lugar a una suposición contraria a que
fuera la casa del apostol S. Juan. El valor histórico de las visiones
de Catharine no es admitido universalmente. Monseñor Timoni,
Arzobispo de Esmirna, escribe, refiriéndose a Panaguia-Kapouli:
"Cada uno es completamente libre de tener su propia opinión".
Finalmente, la concordancia entre las condiciones de la casa en ruinas
de Panaguia-Kapouli y la descripción de Catharine no prueban
necesariamente la verdad de su afirmación en cuanto a la historia del
edificio. (120)
Argumentos
contra Jerusalén
Se
esgrimen dos consideraciones contrarias a la residencia permanente de
Nuestra Señora en Jerusalén: primero, se ha señalado ya que S. Juan no
se quedó permanentemente en la Ciudad Sagrada; segundo, se dice que los
judíos cristianos dejaron Jerusalén durante los periodos de persecución
judía (cf. Hechos 8:1; 12:1). Mas como no podemos suponer que S. Juan
haya llevado consigo a Nuestra Señora en sus expediciones apostólicas,
debemos creer que la dejó al cuidado de sus amigos o parientes durante
los periodos de su ausencia. Y existen pocas dudas de que muchos
cristianos regresaron a Jerusalén cuando cesaron los peligros de las
persecuciones.
Argumentos
a favor de Jerusalén
Independientemente
de estas consideraciones, se puede apelar a las siguientes razones que
apoyan la muerte y enterramiento de María en Jerusalén:
- En
el año 451, Juvenal, Obispo de Jerusalén, testificó sobre la
presencia de la tumba de María en Jerusalén. Es extraño que ni S.
Jerónimo, ni el Peregrino de Burdeos ni tampoco pseudo-Silvia
proporcionen ninguna evidencia sobre un lugar tan sagrado. Sin
embargo, cuando el emperador Marcion y la emperatriz Pulqueria le
pidieron a Juvenal que enviara los restos sagrados de la Virgen María
de su tumba en Getsemaní a Constantinopla, donde tenían la intención
de dedicarle una nueva iglesia a Nuestra Señora, el obispo citó una
antigua tradición que decía que el cuerpo sagrado había sido asunto
al cielo, y sólo envió a Constantinopla el ataud y el sudario. Esta
narración se basa en la autoridad de un tal Eutimio, cuyo relato fue
incluido en una homilía de S. Juan Damasceno (121) que actualmente se
lee en el Nocturno segundo del cuarto día de la octava de la Asunción.
Scheeben (12) es de la opinión que las palabras de Eutimio son una
interpolación posterior: no encajan en el contexto; contienen una
apelación a pseudo-Dionisio (123) que, por otra parte, no es
mencionada antes del siglo VI; y son poco fiables en su conexión con
el nombre del Obispo Juvenal, quien fue acusado de falsificar
documentos por el Papa S. León. (124) En su carta, el pontífice le
recuerda al obispo los sagrados lugares que tiene ante sus ojos, pero
no menciona la tumba de María. (125) Si se considera que este
silencio es puramente fortuito, la principal pregunta sigue siendo, ¿cuánta
verdad histórica hay en el relato de Eutimio acerca de las palabras
de Juvenal?
- Se
debe mencionar aquí el apócrifo "Historia dormitionis et
assumptionis B.M.V.", que reivindica a S. Juan por autor. (126)
Tischendorf opina que las partes más importantes de la obra se
remontan al siglo IV, quizás incluso al siglo II. (127) Aparecieron
variaciones del texto original en árabe, sirio y en otras lenguas;
entre estas variaciones hay que destacar una obra llamada "De
transitu Mariae Virg.", que apareció bajo la firma de S. Melitón
de Sardes. (128) El Papa Gelasio incluye este trabajo entre las obras
prohibidas. (129) Los incidentes extraordinarios que estas obras
relacionan con la muerte de María carecen de importancia aquí; sin
embargo, sitúan sus últimos momentos y su entierro en o cerca de
Jerusalén.
Otra evidencia a favor de la existencia de una tradición que sitúa
la tumba de María en Getsemaní la consituye la basílica que fue
erigida sobre el lugar sagrado, hacia finales del siglo IV o comienzos
del V. La iglesia actual fue construida por los latinos en el mismo
lugar en que se había levantado el antiguo edificio. (130)
- En
la primera parte del siglo VII, Modesto, Obispo de Jerusalén, localizó
el tránsito de Nuestra Señora en el Monte Sión, en la casa que
contenía el Cenáculo y la habitación del piso superior de Pentecostés.
(131) En esta época, una sola iglesia cubría las localidades
consagradas por estos varios misterios. Es asombrosa la tardía
evidencia de una tradición que llegó a estar tan extendida a partir
del siglo VII.
- Otra
tradición se conserva en el "Commemoratorium de Casis Dei"
dirigida a Carlomagno. (132) Sitúa la muerte de María en el monte de
los Olivos, donde se levanta una iglesia que se dice que conmemora
este suceso. Es posible que el escritor intentara relacionar el tránsito
de María con la iglesia de la Asunción, del mismo modo que la
tradición gemela lo conectaba con el cenáculo. De cualquier manera,
se puede concluir que alrededor del comienzo del siglo V existía una
tradición bastante extendida que sostenía que María había muerto
en Jerusalén y había sido enterrada en Getsemaní. Esta tradición
parece descansar sobre bases más sólidas que la versión de que
Nuestra Señora murió y fue enterrada en o cerca de Efeso. Dado que
al llegar a este punto carecemos de documentación histórica,
resultaría difícil establecer la relación de cualquiera de las dos
tradiciones con los tiempos apostólicos. (133)
Conclusión
Hemos
visto que no hay seguridad absoluta sobre el lugar en el que María vivió
después del día de Pentecostés. Aunque es más probable que
permaneciera ininterrumpidamente en o cerca de Jerusalén, puede haber
residido durante un tiempo en las cercanías de Efeso, y ello puede haber
originado la tradición de su muerte y enterramiento en Efeso. Existe aún
menos información histórica referente a los incidentes particulares de
su vida. S. Epifanio (134) duda incluso de la realidad de la muerte de María;
pero la creencia universal de la Iglesia no coincide con la opinión
privada de S. Epifanio. La muerte de María no fue necesariamente una
consecuencia de la violencia; ni tampoco fue una expiación o un castigo,
ni el resultado de una enfermedad de la que, como su divino Hijo, ella fue
eximida. Desde la Edad Media prevalece la opinión que murió de amor, ya
que su gran deseo era reunirse con su Hijo ya fuera disolviendo los lazos
entre cuerpo y alma o rogando a Dios para que El los disolviese. Su muerte
fue un sacrificio de amor que completó el sacrificio doloroso de su vida.
Es la muerte con el beso del Señor (in osculo Domini), de la que
mueren los justos. No hay una tradición cierta sobre el año en que murió
María. Baronio en sus Anales se apoya en un pasaje del Chronicon de
Eusebio para asumir que María murió en el 48 d. de J.C. Hoy se cree que
este pasaje del Chronicon es una interpolación posterior. (135) Nirschl
se basa en una tradición encontrada en Clemente de Alejandría (136) y
Apolonio (137) que se refiere al mandato de Nuestro Señor a los Apóstoles
para que fueran a predicar doce años en Jerusalén y Palestina antes de
extenderse a las naciones del mundo; a partir de esto, él también llega
a la conclusión de que María murió en el 48 d. de J.C..
Su
asunción a los cielos
La
Asunción de Nuestra Señora a
los cielos ha sido tratada en un artículo
especial. (138) La festividad de la Asunción es probablemente la
más antigua de todas las festividades de María propiamente dichas. (139)
En cuanto al arte, la Asunción ha sido un tema favorito de la Escuela de
Siena, que generalmente representa a María siendo elevada a los cielos en
una mandorla.
Viene de MARIA EN OTROS
LIBROS DEL NUEVO TESTAMENTO
Continúa
en LA
ACTITUD DE LOS PRIMEROS CRISTIANOS HACIA LA MADRE DE DIOS
Notas:
[111]
Labbe, Collect. Concilior., III, 573
[112] Eusebius, Hist. Eccl., III, 31; V, 24, P.G., XX, 280, 493
[113] cf. Assemani, Biblioth. orient., Rome, 1719-1728, III, 318
[114] de fest. D.N.J.X., I, vii, 101
[115] cf. Arnaldi, super transitu B.M.V., Genes 1879, I, c. I
[116] Mém. pour servir à l'histoire ecclés., I, 467-471
[117] Dict. de la Bible, art. Jean,
Marie, Paris, 1846, II, 902; III, 975-976
[118] cf. Le Camus, Les sept Eglises de l'Apocalypse, Paris, 1896,
131-133.
[119] cf. Polycrates, in Eusebius's Hist. Eccl., XIII, 31, P.G.,
XX, 280
[120] In connection with this controversy, see Le Camus, Les sept Eglises
de l'Apocalypse, Paris, 1896, pp. 133-135; Nirschl, Das Grab der hl. Jungfrau,
Mainz, 1900; P. Barnabé, Le tombeau de la Sainte Vierge a Jérusalem,
Jerusalem, 1903; Gabriélovich, Le tombeau de la Sainte Vierge à Ephése,
réponse au P. Barnabé, Paris, 1905.
[121] hom. II in dormit. B.V.M., 18 P.G., XCVI, 748
[122] Handb. der Kath. Dogmat., Freiburg, 1875, III, 572
[123] de divinis Nomin., III, 2, P.G., III, 690
[124] et. XXIX, 4, P.L., LIV, 1044
[125] ep. CXXXIX, 1, 2, P.L., LIV, 1103, 1105
[126] cf. Assemani, Biblioth. orient., III, 287
[127] Apoc. apocr., Mariae dormitio, Leipzig, 1856, p. XXXIV
[128] P.G., V, 1231-1240; cf. Le Hir, Etudes bibliques, Paris, 1869, LI,
131-185
[129] P.L., LIX, 152
[130] Guerin, Jerusalem, Paris, 1889, 346-350; Socin-Benzinger, Palastina
und Syrien, Leipzig, 1891, pp. 90-91; Le Camus, Notre voyage aux pays
bibliqes, Paris, 1894, I, 253
[131] P.G., LXXXVI, 3288-3300
[132] Tobler, Itiner, Terr. sanct., Leipzig, 1867, I, 302
[133] Cf. Zahn, Die Dormitio Sanctae Virginis und das Haus des Johannes
Marcus, in Neue Kirchl. Zeitschr.,
Leipzig, 1898, X, 5; Mommert, Die Dormitio, Leipzig, 1899; Séjourné, Le
lieu de la dormition de la T.S. Vierge, in Revue biblique, 1899,
pp.141-144; Lagrange, La dormition de la Sainte Vierge et la maison de
Jean Marc, ibid., pp. 589, 600.
[134] haer. LXXVIII, 11, P.G., XL, 716
[135] cf. Nirschl, Das Grab der hl. Jungfrau Maria, Mainz, 1896, 48
[136] Stromat. vi, 5
[137] in Eus., Hist. eccl., I, 21
[138] The reader may consult also an article in the "Zeitschrift fur
katholische Theologie", 1906, pp. 201 sqq.
[139] ; cf. "Zeitschrift fur katholische Theologie", 1878, 213.
A.J.
MAAS
Transcrito por Michael T. Barrett
Traducido por Aurora Marín López
The
Catholic Encyclopedia, Volume I
Copyright © 1907 by Robert Appleton Company
Online Edition Copyright © 1999 by Kevin Knight
La Enciclopedia Católica Copyright © ACI-PRENSA
Nihil Obstat, March 1, 1907. Remy Lafort, S.T.D., Censor Imprimatur +John
Cardinal Farley, Archbishop of New York
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