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La
Bienaventurada Virgen María es la madre de Jesucristo,
la madre de Dios.
En
general, la teología y la historia de María la Madre de Dios siguen el
orden cronológico de sus fuentes respectivas, esto es, el Antiguo
Testamento, el Nuevo Testamento, los primeros cristianos y los testigos
judíos.
MARÍA PROFETIZADA
EN EL ANTIGUO TESTAMENTO
El
Antiguo Testamento se refiere a Nuestra Señora tanto en sus profecías
como en sus tipos o figuras.
Génesis
3:15
La primera profecía referente a María se encuentra en los capítulos
iniciales del Libro del Génesis (3:15): "Pondré enemistad entre ti
y la mujer, y entre tu linaje y el suyo; ella te aplastará la cabeza y tú
estarás al acecho de su talón". Esta versión parece diferir en dos
aspectos del texto original hebreo:
- En
primer lugar, el texto hebreo emplea el mismo verbo para las dos
versiones traducidas "ella te aplastará" y "tú estarás
al acecho"; la Septuaginta traduce el verbo en ambos casos por terein,
estar al acecho; Aquila, Símaco y los traductores sirios y
samaritanos traducen el verbo hebreo por expresiones que significan
aplastar, magullar; el Itala traduce el terein utilizado en la
Septuaginta con el término latino de "servare" , vigilar;
S. Jerónimo (1) sostiene que el verbo hebreo tiene el significado de
"aplastar" o "magullar" más que el de "estar
al acecho", "vigilar". Sin embargo en su propio
trabajo, que se convirtió en la Vulgata latina, el santo emplea el término
"aplastar" (conterere) en primer lugar, y "estar
al acecho" (insidiari) en segundo. Por tanto el castigo
infligido a la serpiente y la venganza de ésta están expresadas con
el mismo verbo: pero la herida sufrida por la serpiente es mortal, ya
que afecta a la cabeza, mientras que la herida causada por ella no es
mortal, ya que es infligida en el talón.
- El
segundo punto de diferencia entre el texto hebreo y nuestra versión
se refiere al agente que va a infligir la herida mortal a la
serpiente: nuestra versión coincide con el texto actual de la Vulgata
en traducir "ella"(ipsa) que se refiere a la mujer,
mientras que el texto hebreo traduce hu´ (autos, ipse) que se
refiere a la descendencia de la mujer. Según nuestra versión y la
traducción de la Vulgata, será la mujer quien obtenga la victoria;
según el texto hebreo, ella vencerá a través de su descendencia. Es
en este sentido en el que la Bula "Ineffabilis" atribuye la
victoria a Nuestra Señora. La versión "ella" (ipsa)
no es ni una corrupción intencionada del texto original ni un error
accidental, sino que es una versión explicativa que expresa explícitamente
el hecho de la participación de Nuestra Señora en la victoria sobre
la serpiente, que está contenido de manera implícita en el original
hebreo. La fuerza de la tradición cristiana referente a la
participación de María en esta victoria puede deducirse del hecho de
que S. Jerónimo mantuviera "ella" en su versión a pesar de
su familiaridad con el texto original y con la traducción "él"
(ipse)en la antigua versión latina.
Dado
que es comúnmente admitido que el juicio divino se dirige no tanto contra
la serpiente como contra el causante del pecado, la descendencia de la
serpiente hace referencia a los seguidores de la serpiente, la
"progenie de víboras", la "generación de víboras",
aquellos cuyo padre es el Diablo, los hijos del mal, imitando, non
nascendo (Agustín) (2). Puede darse la tentación de comprender la
descendencia de la mujer en un sentido colectivo análogo, abarcando a
todos los nacidos de Dios. Pero descendencia puede no sólo referirse a
una persona en particular, sino que generalmente tiene dicho significado,
si el contexto lo permite. S. Pablo (Gálatas 3:16) da esta explicación
de la palabra "descendencia" tal como aparece en las promesas de
los patriarcas: "A Abraham y a su descendencia fueron hechas las
promesas. No dice a sus descendencias, como de muchas, sino de una sola:
"Y a tu descendencia", que es Cristo". Finalmente la
expresión "la mujer" en la frase "Pondré enemistad entre
ti y la mujer" es una traducción literal del texto hebreo. La Gramática
Hebrea de Gesenius-Kautzsch (3) establece la norma: es un rasgo peculiar
del hebreo el uso del artículo para indicar una persona o cosa todavía
desconocida o que todavía está por describir con claridad, ya se
encuentre presente o tenga que considerarse bajo las condiciones del
contexto. Dado que nuestro artículo indefinido cumple este propósito, se
podría traducir: "Pondré enemistad entre ti y una mujer". Por
tanto la profecía promete una mujer, Nuestra Señora, que será la
enemiga de la serpiente en un grado sobresaliente; además, la misma mujer
saldrá vencedora sobre el Demonio, al menos a través de su hijo. La
rotundidad de la victoria es subrayada por la frase contextual "comerás
tierra", que es según Winckler (4) una antigua y común expresión
oriental que denota la máxima humillación (5).
Isaías
7:1-17
La segunda profecía referente a María se encuentra en Isaías 7:1-17.
Los críticos se han empeñado en representar este pasaje como una
combinación de sucesos y palabras del profeta escritos por un autor
desconocido (6). La credibilidad del contenido no resulta necesariamente
afectada por esta teoría, ya que las tradiciones proféticas pueden
quedar registradas por cualquier escritor sin perder por ello su
credibilidad. Pero incluso Duhm considera la teoría como un intento
aparente por parte de los críticos de averiguar hasta dónde están
dispuestos a aguantar pacientemente los lectores; opina que es una
verdadera desgracia para la crítica en cuanto tal el que haya encontrado
un mero compendio en un pasaje que describe tan gráficamente la hora del
nacimiento de la fe.
Según
II Reyes 16:1-4, y II Paralipómenos 27:1-8, Ajaz, que comenzó su reinado
en el 736 a. de J.C., profesaba abiertamente la idolatría, de forma que
Dios lo dejó a merced de los reyes de Siria e Israel. Al parecer se había
establecido una alianza entre Pecaj, rey de Israel, y Rasín, rey de
Damasco, con el propósito de ofrecer resistencia a las agresiones asirias.
Ajaz, partidario de los asirios, no se unió a la coalición; los aliados
invadieron su territorio, con la intención de sustituir a Ajaz por un
gobernante más complaciente, un cierto hijo de Tabeel. Mientras Rasín
estaba ocupado en reconquistar la ciudad costera de Elat, Pecaj procedió
en solitario contra Judá, "pero no pudieron prevalecer". Una
vez Elat hubo caído, Rasín unió sus fuerzas a las de Pecaj; "Siria
y Efraím se habían confederado" y "tembló su corazón (de
Ajaz) y el corazón del pueblo, como tiemblan los árboles del monte a
impulsos del viento". Había que hacer preparativos inmediatos para
un asedio prolongado, y Ajaz se encontraba intensamente ocupado en las
proximidades de la piscina superior, de la cual recibía la ciudad la
mayor parte de su suministro de agua. De ahí que Dios le diga a Isaías:
"Sal luego al encuentro de Ajaz ... al cabo del acueducto de la
piscina superior". El encargo del profeta es de naturaleza
extremadamente consoladora: "Mira bien no te inquietes, no temas nada
y ten firme corazón ante esos dos cabos de tizones humeantes". El
plan de los enemigos no tendrá éxito: "no aguantará y esto no
sucederá". ¿Cuál será el destino concreto de los enemigos?
· Siria no ganará nada, permanecerá como había estado en el pasado:
" la cabeza de Siria es Damasco, y la cabeza de Damasco es Rasín."
·
Efraím también permanecerá en el futuro inmediato como había estado
hasta ese momento: "la cabeza de Efraím es Samaria, y la cabeza de
Samaria el hijo de Romelia"; pero al cabo de sesenta y cinco años
será destruida, " dentro de sesenta y cinco años Efraím habrá
dejado de ser pueblo".
Ajaz
había abandonado al Señor por Moloc, y había depositado su confianza en
una alianza con Asiria; de ahí la profecía condicional referente a Judá
"si no crees, no continuarás". La prueba de fe sigue
inmediatamente a continuación: " Pide al Señor, tu Dios, una señal,
o de abajo en lo profundo o de arriba en lo alto". Ajaz responde con
hipocresía: " no la pediré, no tentaré al Señor", rechazando
así declarar su fe en Dios y prefiriendo la política asiria. El rey
prefiere Asiria a Dios, y Asiria vendrá sobre él: "Hará venir el
Señor sobre ti y sobre tu pueblo, y sobre la casa de tu padre, días
cuales nunca vinieron desde que Efraím se separó de Judá con el rey de
los asirios". La casa de David había ofendido no sólo a los
hombres, sino también a Dios con su incredulidad; por ello, "no
continuará", y, por una ironía del castigo divino, será destruida
por aquellas mismas gentes a las que prefirió antes que a Dios.
Sin
embargo, las promesas mesiánicas hechas a la casa de David no pueden
frustrarse: "El Señor mismo os dará una señal. He aquí que una
virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y será llamado Emmanuel. Y se
alimentará de mantequilla y miel, hasta que sepa desechar lo malo y
elegir lo bueno. Pues antes que el niño sepa desechar lo malo y elegir lo
bueno, la tierra por la cual temes de esos dos reyes será
devastada". Dejando de lado una serie de preguntas relacionadas con
la explicación de la profecía, debemos limitarnos aquí a la prueba
evidente de que la virgen mencionada por el profeta es María, la Madre de
Cristo. La argumentación se basa en las premisas de que la virgen
mencionada por el profeta es la madre de Emmanuel, y que Emmanuel es
Cristo. La relación de la virgen con Emmanuel está claramente expresada
en las palabras inspiradas; las mismas indican, asimismo, la identidad de
Emmanuel con Cristo.
La relación de Emmanuel con la señal divina extraordinaria que iba a ser
concedida a Ajaz nos predispone a ver en la criatura alguien más que un
niño corriente. En 8:8, el profeta le atribuye la propiedad de la tierra
de Judá: "Y tendiendo sus brazos cubrirán toda tu tierra, ¡oh
Emmanuel!". En 9:6, se dice que el gobierno de la casa de David
descansa sobre sus hombros, y se le describe como poseedor de cualidades
superiores a las humanas: "nos ha nacido un niño, nos ha sido dado
un hijo, que tiene sobre su hombro la soberanía, y que se llamará
maravilloso consejero, Dios fuerte, Padre sempiterno, Príncipe de la
paz". Finalmente, el profeta llama a Emmanuel "vara del tronco
de Jesé", agraciado con "el espíritu del Señor, espíritu de
sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de fortaleza, espíritu
de entendimiento y de temor de Dios"; su venida irá seguida de los
signos generales de la era mesiánica, y los que queden del pueblo
escogido serán de nuevo el pueblo de Dios (11:1-16).
Cualquier
oscuridad o ambigüedad que pudiera haber en el texto profético es
eliminada por S. Mateo (1:18-25). Después de narrar las dudas de San
José y la reafirmación del angel "lo concebido en ella es
obra del Espíritu Santo", el evangelista continúa: "Todo esto
sucedió para que se cumpliese lo que el Señor había anunciado por el
profeta, que dice: He aquí que una virgen concebirá y parirá un hijo, y
le pondrá por nombre Emmanuel". No es necesario que repitamos la
explicación del pasaje dada por comentaristas católicos que responden a
las objeciones que se han hecho contra el significado obvio del
evangelista. De todo lo anterior se puede deducir que María es mencionada
en la profecía de Isaías como madre de Jesucristo; a la luz de la
referencia a la profecía hecha por S. Mateo, se puede añadir que ésta
predijo también la virginidad de María, intacta en la concepción de
Emmanuel (7).
Miqueas 5:2-3
Una tercera profecía referente a Nuestra Señora se encuentra en Miqueas
5:2-3: "Y tú, Belén de Efrata, pequeño para ser contado entre las
familias de Judá, de ti me saldrá quien señoreará en Israel, cuyos orígenes
vienen del comienzo, de los días de la eternidad. Los entregará hasta el
tiempo en que la que ha de parir parirá, y el resto de sus hermanos
volverá a los hijos de Israel". Aunque el profeta (750-660 a. de C.,
aproximadamente) fue contemporáneo de Isaías, su actividad profética
comenzó un poco más tarde y finalizó un poco antes que la de Isaías.
No cabe ninguna duda de que los judíos consideraban que las predicciones
anteriores se referían al Mesías. Según S. Mateo (2:6), cuando
Herodes preguntó a los sumos sacerdotes y escribas dónde iba a nacer el
Mesías, le respondieron con las palabras de la profecía, "Y tú Belén,
tierra de Judá, ...". Según S. Juan (7:42), el populacho judío
reunido en Jerusalén para la celebración de la fiesta formuló la
pregunta retórica: "¿No dice la Escritura que del linaje de David y
de la aldea de Belén, de donde era David, ha de venir el Mesías?".
La paráfrasis caldea de Miqueas 5:2 confirma la misma opinión: "De
ti me saldrá el Mesías, que señoreará en Israel". Las mismas
palabras de la profecía no admiten prácticamente otra explicación; pues
"sus orígenes son del comienzo, desde los días de la
eternidad".
Mas, ¿cómo se refiere la profecía a la Virgen María? Nuestra Señora
es mencionada con la frase "hasta el tiempo en que la que ha de parir
parirá". Es cierto que "la que ha de parir" se ha referido
también a la Iglesia (S. Jerónimo, Teodoreto), o al grupo de gentiles
que se unieron a Cristo (Ribera, Mariana), o también a Babilonia (Calmet);
pero, por una parte, no hay apenas relación suficiente entre ninguno de
estos sucesos y el redentor prometido; por otra parte, el pasaje debería
decir " hasta el tiempo en que la que es estéril parirá" si el
profeta se hubiera referido a cualquiera de dichos sucesos. Tampoco puede
"la que ha de parir" referirse a Sión: Sión es mencionada sin
sentido metafórico antes y después de este pasaje, de modo que no se
puede esperar que el profeta recurra de repente a un lenguaje figurado.
Mas aún, si se explica así la profecía, no tendría un sentido cabal.
Las frases contextuales "el señor de Israel", "sus orígenes",
que en hebreo implica nacimiento, y "sus hermanos" hacen
referencia a un individuo, no a una nación; de ello se deduce que el
parto debe referirse a esa misma persona. Se ha mostrado que la persona
que gobernará es el Mesías; por ello, "la que ha de parir"
debe referirse a la madre de Cristo, Nuestra Señora. Así explicado, todo
el pasaje aparece claro: el Mesías ha de nacer en Belén,
un pueblo insignificante de Judá; su familia debe estar reducida a la
pobreza y la oscuridad antes del momento de su nacimiento; como esto no
puede suceder si la teocracia permanece intacta, si la casa de David
continúa floreciendo, "por ello los entregará hasta el tiempo en
que la que ha de parir parirá" al Mesías. (8)
Jeremías 21:22
Una cuarta profecía referente a María se encuentra en Jeremías 21:22:
" El Señor ha creado algo nuevo sobre la tierra: una mujer conseguirá
un hombre". El texto del profeta Jeremías ofrece no pocas
dificultades para el intérprete científico; nosotros seguiremos la versión
de la Vulgata latina del original hebreo. Pero incluso esta traducción ha
sido explicada de muchas formas diferentes: Rosenmuller y muchos intérpretes
protestantes conservadores defienden la versión "una mujer protegerá
a un hombre", mas tal argumento difícilmente podría inducir a los
hombres de Israel a retornar a Dios. La explicación "una mujer
buscará a un hombre" apenas está de acuerdo con el texto; además,
tal inversión del orden natural es presentada en Isaías 4:1 como una señal
de la más absoluta catástrofe. La versión de Ewald "una mujer se
convertirá en un hombre" es muy poco fiel al texto original. Otros
comentaristas ven en la mujer un símil de la Sinagoga o de la Iglesia, en
el hombre un símil de Dios, de modo que pueden explicar la profecía
"Dios morará de nuevo en medio de la Sinagoga (o del pueblo de
Israel)" o "la Iglesia protegerá la tierra con sus valientes
hombres". Pero el texto hebreo difícilmente evoca ese significado;
además, esa explicación convertiría ese pasaje en una tautología:
"Israel retornará a su Dios, ya que Israel amará a su Dios".
Algunos autores recientes traducen el original hebreo por: "Dios crea
algo nuevo sobre la tierra: la mujer (esposa) retorna al hombre (su
marido)". Según la ley antigua (Deuteronomio 24:1-4; Jeremías 3:1),
el marido no podía volver a aceptar a su mujer una vez que la había
repudiado; pero el Señor introducirá una novedad al permitir a la mujer
infiel, o lo que es lo mismo, la nación culpable, volver a la amistad con
Dios. Esta explicación se basa en una corrección aventurada del texto;
además, no implica necesariamente el significado mesiánico que se espera
del pasaje.
Los Padres griegos siguen generalmente la versión de la Septuaginta,
"El Señor ha creado salvación en una nueva plantación, los hombres
caminarán seguros"; mas S. Atanasio (9) combina la versión de
Aquila dos veces "Dios ha creado algo nuevo en la mujer" con la
de la Septuaginta, diciendo que la nueva plantación es Jesucristo, y que
lo nuevo creado en la mujer es el cuerpo del Señor, concebido en la mujer
virgen sin la participación del hombre. También S. Jerónimo (10)
entiende el texto profético de la virgen que concibe al Mesías. Esta
explicación del pasaje concuerda con el texto y con el contexto. Como la
Palabra Encarnada poseyó desde el primer instante de su concepción todas
sus perfecciones, exceptuando aquellas relacionadas con su desarrollo
corporal, es correcto afirmar que su madre "conseguirá un
hombre". No es necesario señalar que tal condición en una criatura
recién concebida es denominada, con razón, "algo nuevo sobre la
tierra". El contexto de la profecía describe, después de una breve
introducción general (30:1-3), la futura libertad de Israel y la
restauración en cuatro estancias: 30:4-11, 12-22; 30:23; 31:14, 15-26;
las tres primeras estancias terminan con la esperanza del tiempo mesiánico.
La cuarta debería esperarse también que tuviera un final similar. Además,
la profecía de Jeremías, pronunciada alrededor del 589 a. de C. y
entendida en el sentido que se acaba de referir, concuerda con las
expectativas mesiánicas contemporáneas basadas en Isaías 7:14; 9:6;
Miqueas 5:3. Según Jeremías, la madre de Cristo se diferencia de las
otras madres en que su Hijo, incluso cuando aún está en su vientre,
tiene todas las propiedades que constituyen la verdadera naturaleza humana
(11). El Antiguo Tetamento se refiere indirectamente a María en aquellas
profecías que predicen la encarnación del Verbo de Dios.
TIPOS Y FIGURAS DE MARIA EN EL ANTIGUO TESTAMENTO
Para
estar seguros del significado de un tipo, este significado debe ser
revelado, es decir, debe habernos sido transmitido a través de la Sagrada
Escritura o de la tradición. Algunos escritores piadosos han desarrollado
por su cuenta numerosas analogías entre ciertos datos del Antiguo
Testamento y los datos correspondientes del Nuevo Testamento; sin embargo,
por muy ingeniosas que estas correlaciones puedan ser, no demuestran que
Dios tuviera de hecho la intención de transmitir en los textos inspirados
del Antiguo Testamento las verdades de la correspondencia establecida. Por
otra parte, debe tenerse presente que no todas las verdades contenidas ya
sea en las Escrituras o en la tradición han sido explícitamente
propuestas a los creyentes como verdades de fe por definición expresa de
la Iglesia. De acuerdo con el principio "Lex orandi est lex credenti"
debemos tratar al menos con reverencia las innumerables sugerencias
contenidas en la liturgia y oraciones oficiales de la Iglesia. De esta
forma es como debemos considerar muchos de los tratamientos otorgados a
Nuestra Señora en la letanía y en el "Ave maris stella". Las
Antífonas y Responsos que se encuentran en los Oficios recitados en las
varias festividades de Nuestra Señora sugieren un número de tipos
referentes a Nuestra Señora que difícilmente hubieran sido mostrados con
tanta viveza de otra manera a los ministros de la Iglesia. La tercera antífona
de Laudes de la Festividad de la Circuncisión contempla en "el
arbusto que arde sin consumirse" (Exodo 3:2) la figura de María en
la concepción de su Hijo sin perder su virginidad. La segunda antífona
de Laudes del mismo Oficio contempla en el vellón de lana de Gedeón, húmedo
por el rocío mientras que la tierra a su alrededor había permanecido
seca (Jueces 6:37-38), un tipo de María recibiendo en su vientre al Verbo
Encarnado (12). El Oficio de la Bienaventurada Virgen aplica a María
muchos de los pasajes referentes a la esposa del Cantar de los Cantares
(13) y también los referentes a la sabiduría del Libro de los Proverbios
8:22-31 (14). Un "jardín cerrado, una fuente sellada"
mencionado en Cantares 4:12 aplicado a María es sólo un ejemplo concreto
de todo lo referido anteriormente (15). Además, Sara, Débora, Judit y
Ester son utilizadas como tipos de María; el arca de la Alianza, sobre la
que se manifiesta la misma presencia de Dios, es utilizada como la figura
de María llevando al Verbo Encarnado en su vientre. Pero es especialmente
Eva, la madre de todos los vivientes (Génesis 3:20), la que es
considerada como un tipo de María, que es la madre de todos los vivientes
en el orden de la gracia (16).
Continúa
en MARIA EN LOS EVANGELIOS
NOTAS
[1]
Quaest. hebr. in Gen., P.L., XXIII, col. 943
[2] cf. Wis., ii, 25; Matt., iii, 7; xxiii, 33; John, viii, 44; I, John,
iii, 8-12.
[3] Hebräische Grammatik, 26th edit., 402
[4] Der alte Orient und die Geschichtsforschung, 30
[5] cf. Jeremias, Das Alte Testament im Lichte des alten Orients, 2nd ed.,
Leipzig, 1906, 216; Himpel, Messianische Weissagungen im Pentateuch,
Tubinger theologische Quartalschrift, 1859; Maas, Christ in Type and
Prophecy, I, 199 sqq., New York, 1893; Flunck, Zeitschrift für
katholische Theologie, 1904, 641 sqq.; St. Justin, dial. c. Tryph., 100 (P.G.,
VI, 712); St. Iren., adv. haer., III, 23 (P.G., VII,, 964); St. Cypr.,
test. c. Jud., II, 9 (P.L., IV, 704); St. Epiph., haer., III, ii, 18 (P.G.,
XLII, 729).
[6] Lagarde, Guthe, Giesebrecht, Cheyne, Wilke.
[7] cf. Knabenbauer, Comment. in Isaiam, Paris, 1887; Schegg, Der Prophet
Isaias, Munchen, 1850; Rohling, Der Prophet Isaia, Munster, 1872; Neteler,
Das Bush Isaias, Munster, 1876; Condamin, Le livre d'Isaie, Paris, 1905;
Maas, Christ in Type and Prophecy, New York, 1893, I, 333 sqq.; Lagrange,
La Vierge et Emmaneul, in Revue biblique, Paris, 1892, pp. 481-497; Lémann,
La Vierge et l'Emmanuel, Paris, 1904; St. Ignat., ad Eph., cc. 7, 19, 19;
St. Justin, Dial., P.G., VI, 144, 195; St. Iren., adv. haer., IV, xxxiii,
11.
[8] Cf. the principal Catholic commentaries on Micheas; also Maas, "Christ
in Type and Prophecy, New York, 1893, I, pp. 271 sqq.
[9] P.G., XXV, col. 205; XXVI, 12 76
[10] In Jer., P.L., XXIV, 880
[11] cf. Scholz, Kommentar zum Propheten Jeremias, Würzburg, 1880;
Knabenbauer, Das Buch Jeremias, des Propheten Klagelieder, und das Buch
Baruch, Vienna, 1903; Conamin, Le texte de Jeremie, xxxi, 22, est-il
messianique? in Revue biblique, 1897, 393-404; Maas, Christ in Type and
Prophecy, New York, 1893, I, 378 sqq..
[12] cf. St. Ambrose, de Spirit. Sanct., I, 8-9, P.L., XVI, 705; St.
Jerome, Epist., cviii, 10; P.L., XXII, 886.
[13] cf. Gietmann, In Eccles. et Cant. cant., Paris, 1890, 417 sq.
[14] cf. Bull "Ineffabilis", fourth Lesson of the Office for 10
Dec..
[15] Response of seventh Nocturn in the Office of the Immaculate
Conception.
[16] cf. St. Justin, dial. c. Tryph., 100; P.G., VI, 709-711; St. Iren.,
adv. haer., III, 22; V, 19; P.G., VII, 958, 1175; Tert., de carne Christi,
17; P.L., II, 782; St. Cyril., catech., XII, 15; P.G., XXXIII, 741; St.
Jerome, ep. XXII ad Eustoch., 21; P.L., XXII, 408; St. Augustine, de agone
Christi, 22; P.L., XL, 303; Terrien, La Mère de Dien et la mère des
hommes, Paris, 1902, I, 120-121; II, 117-118; III, pp. 8-13; Newman,
Anglican Difficulties, London, 1885, II, pp. 26 sqq.; Lecanu, Histoire de
la Sainte Vierge, Paris, 1860, pp. 51-82.
A.J.
MAAS
Transcrito por Michael T. Barrett
Traducido por Aurora Marín López
The
Catholic Encyclopedia, Volume I
Copyright © 1907 by Robert Appleton Company
Online Edition Copyright © 1999 by Kevin Knight
La Enciclopedia Católica Copyright © ACI-PRENSA
Nihil Obstat, March 1, 1907. Remy Lafort, S.T.D., Censor Imprimatur +John
Cardinal Farley, Archbishop of New York
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