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La
fiesta del Corpus Christi
Con ocasión de la fiesta del Corpus Christi, ofrecemos algunos párrafos
de una homilía pronunciada por San Josemaría, con motivo de esta
celebración.
En esta fiesta, en ciudades de una parte y otra de la tierra, los
cristianos acompañan en procesión al Señor, que escondido en la Hostia
recorre las calles y plazas -lo mismo que en su vida terrena-, saliendo al
paso de los que quieren verle, haciéndose el encontradizo con los que no
le buscan. Jesús aparece así, una vez más, en medio de los suyos: ¿cómo
reaccionamos ante esa llamada del Maestro?
Porque las manifestaciones externas de amor deben nacer del corazón, y
prolongarse con testimonio de conducta cristiana. Si hemos sido renovados
con la recepción del Cuerpo del Señor, hemos de manifestarlo con obras.
Que
nuestros pensamientos sean sinceros: de paz, de entrega, de servicio. Que
nuestras palabras sean verdaderas, claras, oportunas; que sepan consolar y
ayudar, que sepan, sobre todo, llevar a otros la luz de Dios. Que nuestras
acciones sean coherentes, eficaces, acertadas: que tengan ese bonus odor
Christi (2 Cor II, 15), el buen olor de Cristo, porque recuerden su modo
de comportarse y de vivir.
La procesión del Corpus hace presente a Cristo por los pueblos y las
ciudades del mundo. Pero esa presencia, repito, no debe ser cosa de un día,
ruido que se escucha y se olvida. Ese pasar de Jesús nos trae a la
memoria
que debemos descubrirlo también en nuestro quehacer ordinario. Junto a
esa procesión solemne de este jueves, debe estar la procesión callada y
sencilla, de la vida corriente de cada cristiano, hombre entre los
hombres, pero con la dicha de haber recibido la fe y la misión divina de
conducirse de tal modo que renueve el mensaje del Señor en la tierra. No
nos faltan errores, miserias, pecados. Pero Dios está con los hombres, y
hemos de disponernos para que se sirva de nosotros y se haga continuo su
tránsito entre las criaturas.
Vamos, pues, a pedir al Señor que nos conceda ser almas de Eucaristía,
que nuestro trato personal con El se exprese en alegría, en serenidad, en
afán de justicia. Y facilitaremos a los demás la tarea de reconocer a
Cristo, contribuiremos a ponerlo en la cumbre de todas las actividades
humanas. Se cumplirá la promesa de Jesús: Yo, cuando sea exaltado
sobre la tierra, todo lo atraeré hacia mí (Ioh XII, 32).
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