Reflexión
al Mensaje del 25 de enero de 2004
CONOCER EL AMOR DE DIOS
Nuestra Madre Celestial, la Reina de la Paz, dirige su palabra celestial a
todos nosotros, incasable y pacientemente con un amor que exige. El amor
de la Madre María no nos deja pasivos, sino que nos quiere impulsar a
hacer algo bueno y hermoso por Dios en el prójimo. Unicamente podemos ser
movidos si hemos permitido que Dios nos toque y aliente. Solamente aquel
que ha sabido y experimentado cuánto Dios lo ama, podrá también dar a
los demás lo que él mismo ha recibido. No podemos dar lo que no tenemos,
y no podemos tener si no pedimos a Dios, quien no da poco sino en
abundancia.
Nadie puede decir: "Amo a Dios a más no poder". Siempre podemos
aún más y con mayor fuerza.
La Madre María desea que comprendamos cuánto Dios nos ama. El amor de
Dios es tan tierno que nunca se nos impone. Dios nunca turba el alma, sino
que preferiblemente la atrae y la llena con su amor. Y Dios no puede
colmar algo que ya está lleno con otra cosa. Es necesario vaciarse a fin
de que El nos pueda llenar. Jesús nos enseña: "Felices los que
tienen el corazón puro, porque verán a Dios" (Mt 5,8). Unicamente
un corazón puro ve a Dios y en el prójimo reconoce a alguien del cual él
es también responsable. Todos somos responsables los unos de los otros y
estamos unidos unos a otros mediante lazos espirituales invisibles. Todos
irradiamos en torno de nosotros el bien o el mal. El bien del otro es
también mi bien.
También hoy, Dios a través de María necesita nuestras manos, nuestra
voz, nuestros pies, a fin de que a través de nosotros pueda amar a este
mundo. Dios no espera de nosotros obras grandes y sensacionales, sino que
busca que pongamos amor en todo lo que hagamos. No podemos ni debemos
retener para sí el amor de Dios. El objetivo de nuestros intentos,
nuestras oraciones y obras no consisten en que nos acerquemos solos a Dios
y permanezcamos con El, sino que procuremos llevar a El a toda la gente, a
quienes El nos puso en el camino. Fundamentalmente, que El a través de
nosotros los atraiga a Sí, les done la salud, la paz, la libertad.
Como dice la Beata Madre Teresa: "El verdadero amor siempre trae
sufrimiento. Es siempre padecimiento." El dolor y el padecimiento
siempre van juntos. Eso Cristo lo demostró. Nos amó también en el
dolor. Nos amó no porque le fue agradable. Llegó hasta la muerte en la
cruz. Jesús nos enseña diciéndonos: "No hay amor más grande que
dar la vida por los amigos. Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les
mando." (Jn 15,13-14)
Hoy el mundo está hambriento de amor, no de cosas, ni de dinero. Hemos
sido creados para el amor. Si no tenemos amor, entonces procuraremos
llenar ese vacío con cosas y placeres ilusorios, pero no podemos engañar
nuestro corazón y nuestra alma porque ella busca la fuente de la cual fue
creada. La mayor necesidad del hombre es la de amar y de ser amado. Nos
enfermamos cuando no amamos ni experimentamos que Dios nos ama. Por eso,
en este mensaje, la Madre María nos invita: "Oren". Y la oración
no es una necesidad psicológica sino que es la exigencia del amor hacia
Dios. El amor es oración. Si no oramos, no podremos amar, y si no amamos,
no tendremos fuerza para morir a sí mismos y a nuestro egoísmo que nos
hiere a nosotros y a quienes nos rodean.
No nos cansemos de ir por el camino al cual la Madre nos llama y en el que
Ella está con nosotros para conducirnos a la fuente de la vida - a Dios.
Fr. Ljubo Kurtovic
Medjugorje 26.1.2004”
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